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jueves, 23 de diciembre de 2010

I.A.

ACLARACIÓN: extracto del libro impreso "INFIERYO", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones.

El cuadro es fácil de imaginar. Martes de madrugada en lo más profundo de un bar, cuatro amigos, unas cervezas y un par de libros sobre la mesa. Algo de música suave acompaña bien el momento. Mis tres colegas y yo -ya que los cuatros escribimos- nos juntamos a charlar sobre literatura.
Esas eternas disertaciones venían con café o algo de alcohol y a la larga, el juntarnos los martes por la noche se convirtió en costumbre necesaria. A nuestro lado el mismo borracho que termina siempre durmiendo sentado. Hacia el otro lado, por primera vez vemos un hombre de traje en la barra, cara pálida, aspecto extraño, aferrándose a una botella de vodka y hablando con el barman que le da la espalda y hace otra cosa. Mientras lo miro, Julio comenta que vio una película de ciencia ficción que trataba de un androide que intenta convertirse en humano al mejor estilo “pinocho”.
- Ah, ya sé de qué película estás hablando. El Hombre Bicentenario se llama- indica Josema-.- Es de Asimov.
- Pero, Asimov…
 - Sí, o sea, la película está basada en un cuento del tipo.
 - Ruso ¿no?- pregunto yo porque no es la primera vez que escucho el apellido.
- De Pretovichi, Rusia, nacido el dos de enero de mil novecientos veinte. Aunque oficialmente fue anotado el 4 de octubre de mil novecientos diecinueve porque su madre quería que ingresara un año antes a la escuela. Una mujer muy inteligente -contesta el hombre de traje y cara pálida que estaba acodado en la barra. Volteamos sorprendidos ya que no lo vimos acercarse.
- ¿Perdón?-digo.
- No, no, perdón a ustedes por interrumpir. Pero oí que están hablando de Asimov, Isaac Asimov ¿no es cierto? Les comentaba que Isaac Asimov es ruso pero desde pequeño vivió en Estados Unidos.
- Parece conocer al autor, señor...- da pie Josema para que se presente.
- No sólo autor, amigo. Un gran científico y profesor. El padre de las tres leyes de la robóticas, toda una institución el hombre… si se puede llamarle así.
El tipo hace una pausa para desajustarse la corbata, da un trago a la botella y tomándola por el cuello voltea una silla y se sienta a peso muerto. Apoyado en  el respaldo nos sirve un poco de vodka a cada uno, agradeciendo con sobreactuada cordialidad la invitación que nadie le había hecho.
- Ustedes son escritores también, puedo verlo en sus caras. Y me extraña que no conozcan a Isaac. Si tan sólo supieran, muchachos, si tan sólo supieran- arranca sirviendo el último vaso, el suyo, para empinarlo y volver a cargarlo y empinarlo de nuevo. Deja escapar un regüeldo espeso antes de tomar aire y seguir diciendo:- He estudiado toda su vida, toda su obra, todos sus movimientos hasta poder considerarme un verdadero asimovologista.
Quedamos pausados al escucharlo. Josema sonríe mirando su reloj:
- Son las dos de la madrugada y tengo toda la noche por delante. Así que si lo desea, aquí me encuentro para escucharlo porque sinceramente no logro entender de qué carajo está usted hablando.
- Es simple, amigo. Déjame explicarte algunas cosas que no oirás jamás en ninguna otra parte.
                Aunque borracho, habla con un acento raro que hacía imposible no prestarle atención. Y todas las miradas posadas en él son el umbral silencioso a un bombazo: 
- Se los diré sin rodeo alguno- empina un trago de fuerza y larga:- Isaac Asimov era un androide.
Estallo en carcajadas y los otros se unen. El único inmutable: el hombre del vodka.
- ¿Lo qué?- despacha Franco de repente para confirmar que el pescado por la boca muere. Cruza los brazos, se apoya en el respaldo y se hamaca hacia atrás.
- No era un androide como en las películas. Isaac tenía una misión que cumplir y, a mi entender, la hizo más que bien. ¿Fundamentos? Muchos, muchísimos.
- Soy todo oídos- retoma Josema de nuevo recuperando el aire y la compostura, cada vez más interesado en lo que decía el hombre del vodka y menos colorado.
- Pues bien, su nombre lo dice todo, hombre. Isaac Asimov, es evidente si tomamos sus iniciales. Las letras I e A componen la sigla del término  Inteligencia Artificial. A su vez, presten atención a su nombre… Isaac casualmente fue uno de los grandes patriarcas hebreos. Otra coincidencia dirán ustedes...
- ¿Y dónde está la coincidencia?- lo corto casi ladrando la pregunta.
- A eso voy -Apaga el cigarrillo lentamente-.- El Isaac bíblico tenía una misión que cumplir, su propósito era profetizar y abrir camino a su pueblo. Asimov hizo lo mismo por los suyo, los androides.
- Disculpe amigo pero usted está delirando en grande- no me aguanto decirle.-¿Sobre qué carajo puede profetizar un escritor de ciencia ficción?
-Sobre muchas cosas, muchas más de las que parecen. Los relatos de  ciencia ficción generalmente se desarrollan en un futuro indefinido. A lo que voy es que Asimov, en la mayoría de sus relatos, ha escrito sobre la robótica y su relación con la vida humana en un futuro no tan lejano.
- ¿Y qué?
 - Pues bien, él es el padre de las tres leyes de la robótica. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño alguno; un robot debe obedecer las órdenes impartida por los humanos excepto que éstas entren en conflicto con la primera ley; y un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la primera, ni...
- Asimov estaba del orto- corta Josema con tranquilidad.
- ¡No señor!- salta ofendido el hombre del vodka.- Usted no sabe de lo que habla. Isaac Asimov editó más de quinientos libros, y no sólo de ficción, también hizo un estudio personalizado de la Biblia, escribió sobre historia y se dedicó a la divulgación científica; para los veintinueve años había obtenido su doctorado. Toda su producción intelectual en la Universidad de Boston está archivada en más de doscientas cincuenta cajas en setenta metros de estanterías. Era una maquina imparable de crear y escribir. Tenía una misión que cumplir, órdenes impartidas por humanos. ¿No está claro acaso? Sentó las bases para que los androides arriben a la sociedad global. Esa era su tarea, preparar a los humanos, resaltar nuestros defectos para cambiarnos. ¡Ustedes no conocen a Isaac Asimov!
-Pero un androide no sale de la nada. ¿Quién lo fabricó? ¿En qué año fue creado? –dice Julio dándole un poco de crédito para que no perdiera los estribos totalmente.
- Vino de Rusia en los años treinta. De Rusia directo a Estados Unidos, el último imperio. ¿Entienden?
                Mi paciencia tiene límite y me veo forzado a juntar mis cosas mientras el tipo del vodka sigue balbuceando pavadas:
- Asimov era un lobo solitario. Claustrofóbico, odiabas las alturas, no toleraba el alcohol, no practicaba deporte alguno, no sabía nadar ni andar en bicicleta, no se exponía al sol, no soportaba ver sangre y odiaba las jeringas.
- ¿Y ser un loco raro lo convierte en androide? Si es así, usted está en frente de cuatro androides – larga Julio y estallamos en carcajadas.
- No, mi amigo, usted no entiende nada. Y encima tiene el descaro de llamarse escritor. Asimov sostenía que incluso las ideas más descabelladas logran entrar en la mente del lector si van disfrazadas de ficción. ¡Y esa es la clave! Ese era su propósito, plantearnos un mundo donde los androides conviven con los humanos naturalmente. Y si usted ha leído su obra y por tan sólo un instante ha logrado simpatizar con los personajes y su historia, pues significa que por tan sólo un instante ha considerado la posibilidad de vivir entre los androides. ¡Y esa es toda la semilla necesaria para que germine lo que vendrá!
Yo soy el primero en pararse y decir “hasta mañana” a mi manera:
-Si usted espera que yo crea la insensatez que dice está muy equivocado. Exhumen el cuerpo- digo prendiendo un cigarrillo mientras junto mis cosas.
- Su mujer cremó el cadáver y las cenizas no fueron enterradas. No hay modo de hacer prueba de ADN tampoco- dice levantando los hombros con la tranquilidad de quien tiene respuesta para todo.- Su fabricante pensó en cada uno de los detalles.
- ¡Un androide escritor! ¡Increíble!- grito pisando la puerta.- ¡¿Sabés qué?! Metete el androide en el culo.


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