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jueves, 23 de diciembre de 2010

La revolución secreta de Francis P. Church



ACLARACIÓN: extracto del libro impreso "INFIERYO", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones



Pobres incrédulos propios de una era de escepticismo aquellos que sumidos en la más profunda equivocación sólo creen en lo que ven sus ojos. ¿Cuán pequeña y miserable puede ser la mente de quien decide pensar que no existe lo que no comprende? Niño o adulto, no son más que insectos para el vasto universo, hormigas obreras ciegas cuyas inteligencias no resisten el abrumador embate de la fasta realidad que nos rodea. Así lo ve quien cuya mente es capaz de rasguñar al menos migajas de la Verdad y la Sabiduría.
Si, Virginia, cree lo que tú quieras. La existencia de los duendes, las hadas o el viejo de la bolsa es tan real como el amor entre un hombre y una mujer, la moneda que nos quita el mendigo o el fastidio de ser cordiales cuando no lo queremos; cosas que abundan, y para bien o para mal dan gozo y belleza, tan necesarios para ésta vida.
Más sombrío aún sería el mundo sin lo irreal, la magia y esas chucherías ilusorias pues no habría fe infantil ingenua; y con ella se derrumbaría al oscuro abismo del olvido todo romance, pasión o poesía que mitigue la crudeza existencial y nos haga tolerable la vida en el yermo terruño cósmico que es nuestro planeta. Así, nos veríamos sometidos por las pesadas cadenas del plomo terrenal: el gozo de los sentidos cómo única fuente de sublimación, el imperio absoluto de la carne. Y sin duda alguna, será el ocaso inminente de la endeble luz con que la infancia intenta iluminar el mundo.
No, Virginia, mejor no creas en nada. Porque a decir verdad es más dulce la vida de quien decide desechar de su cabeza aquello que no está delante de sus ojos. Jamás veremos las hadas en danza extática sobre el césped, concluimos pues que el sostenimiento de una existencia en esencia inmaterial es fácticamente imposible. De hecho, un cirujano puede abrir a otro ser humano y extraerle las entrañas una por una, enteras o por pedacitos, sin embargo no hay órgano que contenga y devele el misterio infinito de la vida. Por tanto, puede que no haya en absoluto misterio alguno. O quizás la incógnita sea un velo que ni el más diestro cirujano pueda extirpar. Quizá sólo la fe, el amor, la fantasía, el romance y la poesía sean los únicos elementos con los que cuenta la raza para cerrar los ojos y ver más allá. ¿Qué es lo real? Imposible precisarlo con certeza.
Por eso respondo tu pregunta con otra: ¿me querés decir qué carajo importa si existe o no existe Papá Noel? Mil años después de ahora, Virginia, no, perdón, diez mil años en el futuro, la gente se va a seguir haciendo las mismas preguntas, la humanidad seguirá queriendo trascender la necesidad innata de escapar de su propia miseria. Y nos bendigo por ello, pues transitar los caminos de nuestro propio infierno nos ha impulsado a evolucionar, a querer conquistar los cielos. 
Sin más, Feliz Navidad.
Francis Pharacellus Church”.
                Luego de leer varias veces lo que había escrito, consideró que la niñita remitente de la carta dirigida al diario no tenía la culpa de su pésimo día. Abolló el papel y empezó de nuevo.

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