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jueves, 23 de diciembre de 2010

La visita

ACLARACIÓN: extracto del libro impreso "INFIERYO", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones


El césped vibrante al viento entretenía la vista de la anciana que desde antes del atardecer esperaba sentada en un banco del parque vacío por aquellas horas. La mujer que se aproximó tomó lugar a su lado aunque en ningún momento le dirigió la mirada o la palabra.
- Hace rato que te espero, y vos sabés lo lejos que me queda- dijo la anciana finalmente luego de un lato e incómodo silencio.
La recién llegada tragó saliva y permaneció en silencio un instante eterno, con voz queda, entrecortada, apenas pudo decir:
- Perdón por la demora, es que no quise… No pude… -La mujer miró el cielo y suspiró-.- Los chicos… Y Jorge que no ayuda. Se me complicó. No es fácil, no… a veces quisiera…
- ¿Cuántas veces te lo dije? ¿Cuántas, eh? Nunca me prestaste atención. Y ahora acá estás, lloriqueando. A ver si ahora me escuchas –replicó la vieja con severidad, luego bajó el tono-.- Las plantas, ¿me las estás cuidando?
- Ayer pasé por tu casa y te regué el patio. Están hermosas las plantitas aunque te extrañan, se nota, pero no te preocupes que te las estamos cuidando bien. La casa está igual, yo no dejé que nadie toque nada.
- ¿El barrio? ¿Doña Estela?
- ¡Ah! Me crucé con Doña Estela en la puerta de su casa, dice que anda bien, contenta que se lo ascendieron al Alfonso. La invité a venir pero me dijo que no puede por las várices, ella siempre con ese tema de las piernas, pero te manda saludos y dice que la próxima viene. 
La mujer se apretó las manos mientras a la anciana le cambiaba el semblante.
- Siempre dice lo mismo y nunca viene. Y cuando venga no se va a querer ir, como los demás. Y con razón, ¿quién va a venir a visitarme acá, eh? Nadie, es más fácil olvidarse. Ni yo quiero venir a encontrarte acá, no me gusta, me deprime éste lugar.
Se produjo un silencio forzado mientras una viejita cruzó caminando delante de ellas, ahogando su llanto. Cuando desapareció en la lejanía la mujer quiso reanudar la charla pero también hubo de ahogar el suyo. La anciana levantó la vista al ocaso y se puso en pie. La mujer recobró la compostura y dijo:
- Y bue… así es la vida. Se te extraña mucho ¿sabés? Pero me tengo que ir que ya se hace de noche y hay que cocinarle a los indios porque si fuera por Jorge los hace cocinar a ellos… Angelitos de Dios… No es fácil, no…
Las dos hicieron silencio hasta que la anciana cedió y apoyó su mano en la cabeza de la otra. La mujer rompió en un lamento cargado y lloró hasta que ya no hubo motivos. Reconfortada, se alzó, arregló su ropa y limpio su rostro con un pañuelo.
 - Casi me olvidaba, te traje flores. Te las dejo.
- Llevalas que acá se ponen feas- dijo la anciana.
- Chau Mamá, vengo la semana que viene.
Sin más, luego de acomodar las flores en el piso, la mujer partió por donde había venido.
- Chau m’hija. Besos a los nenes- contestó la señora mayor antes de evaporarse con los últimos rayos de sol.



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