Lectores:

Content

jueves, 23 de diciembre de 2010

Mirando el cielo

ACLARACIÓN: extracto del libro impreso "INFIERYO", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones


La persiana metálica de la farmacia siendo izada, el perro de la plaza sentado en la puerta de la panadería, la empleada del abogado barría la vereda, el jardín de infantes cobraba vida y Don Toribio Posso daba de comer migajas a las palomas cuando un punto diminuto y oscuro surcó el cielo sobre ellos para convertirse después en una blanca nube pesada que ante la mirada absorta de la gente descendió al pueblo cubriéndolo todo con una gruesa capa de fino polvo que permaneció incluso por horas flotando en el aire en forma de neblina, siendo imposible no respirarla y para cuando tomaron conciencia de lo que sucedía ya era demasiado tarde: todos estaban perdidos.
Presa de un impulso incontrolable la gente comenzó a limpiar el pueblo hasta que no quedara rastro alguno de la suciedad y en su afán por desempolvar más y más y cada vez más se mataban los unos a los otros; ya sea por veredas sin barrer o canaletas sucias o perros blancos de mugre que una vez limpios escapaban a revolcarse en el piso y debían ser bañados otra vez. Grandes y chicos, hombres y mujeres, todos querían limpiar el poblado sin importar dónde, con quién, cómo o a qué precio siempre y cuando hubiera tan solo un poco de polvo por quitar. Uno vio la beta comercial y decidió cobrar entrada a su gran jardín donde había mucha suciedad, con el dinero recaudado adquirió más inmundicia para sí mismo. Otro se volvió paranoide y comenzó a gritar que estaban siendo invadidos por los Ellos, luego se tiró de palomita del techo de la parroquia. Nadie lo notó.
Tres días con sus tres noches duró el frenesí higiénico y una vez concluida la tarea los que quedaban en pie se miraron las caras y sintieron vergüenza de sí mismos, del salvajismo inhumano en el que estaban sumidos. En silencio cada uno se retiró hacia la privacidad de su hogar para hundirse en un pozo de recriminaciones y culpas del cual saldrían días después. Todo volvió a la normalidad. Nada fue publicado en los medios, nunca se volvió a hablar del tema. Desde entonces las nuevas generaciones se preguntan por qué sus abuelos pasan tardes enteras mirando el cielo.

0 comentarios :

Publicar un comentario