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lunes, 18 de agosto de 2014

Esclavitud Moderna - [II] LA VIDA MECANICISTA

ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones



GENESIS DEL MECANICISMO

Para entender mejor nuestra relación destructiva con la naturaleza tal vez sea necesario hacer un repaso brusco por la historia de la ciencia moderna; decimos brusco para disculpar de antemano la brevedad que intentamos darle a más de 3.000 años de historia. En occidente el origen de la ciencia se remonta al siglo VI a.C. en Grecia, donde los sabios se ocupaban de estudiar la existencia sin una distinción clara entre ciencia, espiritualidad y filosofía. Para ellos todo estaba compuesto de un mismo agente vivo que conformaba a la materia y a las cosas inmateriales en una unidad indivisible. Luego, mucho tiempo después, comenzaron a considerar que ese agente vivo era el eterno devenir del cambio constante, el cual obedecía a un ciclo de interacción entre polos opuestos de una misma unidad; espíritu y materia. 
Algunos siglos más tarde, ésta idea fue reformulada, la Unidad se llamó Ser y tomó el carácter de divinidad inteligente y gobernante del mundo; el espíritu y la materia comenzaron a separarse y hallarse uno arriba del otro en prioridad de importancia. Se dijo que el espíritu era inmutable y perfecto mientras la materia se hallaba sometida a cambios e imperfecciones que eran producto de ilusiones de la percepción. Para explicar los fenómenos químicos o físicos del comportamiento de la materia se esbozó la primera idea del átomo como un ladrillo básico microscópicamente invisible que responde a las leyes del espíritu inmutable, produciendo de ese modo la ilusión del cambio. 
Entonces si la material era ilusoria, y el espíritu era eterno quiere decir que para entender la naturaleza primero es necesario entender a Dios, que es de donde ésta emana. Dos milenios pasó occidente avocado a estos quehaceres de mano de la Iglesia Apostólica Romana. La espiritualidad toma las riendas, la filosofía se vuelve teológica y la ciencia queda relegada o es activamente reprimida. Transcurrida la Edad Media, llegado el Renacimiento, recién entonces los estudiosos pudieron empezar a llevar su atención sobre el mundo de la naturaleza. En el s.XV comenzaron los primeros estudios de carácter puramente científicos y cuando estos intentaron combinarse con las matemáticas allí empezó a formularse las primeras teorías positivistas como lo hizo Galileo, por ejemplo. 
En éste momento la filosofía, la ciencia y la espiritualidad empiezan poco a poco a demarcar terrenos claros y bien diferenciados unos de otros. En primer lugar, las cuestiones espirituales le atañen exclusivamente a las religiones; en segundo término la ciencia se avoca a estudiar la naturaleza; y finalmente la filosofía queda dentro del extenso mar de tonalidades entre estos dos polos opuestos. Ésta posición intermedia le permite a la filosofía hacer un aporte importante: separar al reino de la naturaleza en dos, la mente y la materia; es decir lo que percibe, siente y piensa contra lo que no. De este modo, el reino de la naturaleza –y toda la materia que hay en él- en cierta medida es algo muerto, quieto, carente de vida; el mundo es una infinidad de objetos distintos unos de otros pero que ensamblados correctamente funcionan como una máquina perfecta. Entonces los científicos comenzaron a estudiar la naturaleza y el cuerpo humano en cada uno de sus detalles para develar cuáles eran sus leyes. Y una vez descubiertas y constatadas por otros científicos, estas leyes mecánicas, fijas e invariables empezaron a ocupar el lugar privilegiado que antes ocupaban las leyes divinas.
De igual modo, separar la mente de la materia también divorció a la mente del cuerpo. Los individuos confinaron sus existencias dentro de la cabeza como egos que pilotean organismos llenos de instintos indomables. La mente fue asignada con la trabajosa tarea de domesticarlo. Y claramente pasó por el mismo proceso que el de la naturaleza: fue dividida en mecanismos separados unos de otros pero ensamblados dentro de la misma maquinaria; la imaginación, el razonamiento, el lenguaje, el pensamiento lateral, los recuerdos. Como de igual modo la sociedad misma se configuró de éste modo, segmentada y estratificada según rótulos y membretes para designar las más ínfimas particularidades como la ubicación geográfica, la religión, el pensamiento político, el poder de compra. Desde entonces hasta nuestros días, todo (o casi todo) lo material e inmaterial, vivo y muerto, puede ser separado de su fuente para comprarlo, venderlo o consumirlo. He ahí el nacimiento del mercado moderno: la existencia puede ser traducida en valores monetarios.  
Este pantallazo general de la historia de la ciencia moderna bien útil puede resultarnos a fin de comprender mejor el estado actual de nuestra sociedad. El sistema político vigente, más la masa de individuos que los sostienen día a día, conforman un modelo de existencia en el que las individualidades pasan fugazmente por el planeta sin ningún tipo de vínculo real y concreto de pertenencia a la tierra o los productos de la tierra, mucho menos los unos con los otros. Entonces, podemos concluir que el Divorcio entre el Mundo Real y La Realidad se debe originalmente a la separación entre la materia y el espíritu; asunto que preocupa a la humanidad desde sus orígenes. Como se ha visto, la civilización oscila de un polo extremo al opuesto en busca de respuestas. De una visión holística de nuestro lazo con el medioambiente pasamos a la exclusiva perspectiva espiritual; y ahora nos hallamos en el ángulo opuesto, manteniendo una visión cientificista y mecánica de la existencia. Confiamos ciegamente en sus descubrimientos y aceptamos el modelo científico como aquel sólo digno de ser tomado por fuente de verdad última.
Y esto claramente no es gratuito. Gracias al mecanicismo el hombre ha domesticado a los elementos para su uso y abuso. En los últimos 200 años se ha avanzado tecnológicamente mucho más que en el resto de los 30.000 años de historia. Vivimos cómodos y largos años, sin hambrunas ni pestes ni olas de fríos que nos maten de a millares, delegando gran parte del trabajo diario a la electricidad  y la manipulación de los combustibles fósiles, sin todo lo cual éste libro habría sido escrito, editado y publicado página por página, volumen por volumen, exclusivamente a mano. 
Sabemos con exactitud cuántos y cuáles nutrientes requieren nuestros cultivos. Hemos sintetizado materiales en telas antes inexistentes. Conocemos cómo y dónde atacar a las enfermedades. Nos comunicamos a largas distancias con todo el planeta. Los motores a explosión nos llevan a grandes velocidades por autopistas, agua o aire, incluso hacia el espacio. La noche puede ser luminosa con sólo apretar un botón mientras el calor del verano lo combatimos con aire acondicionado. Cuando la electricidad falla o el electrodoméstico deja de funcionar nos enfurecemos y con justa razón lo hacemos, nadie quiere estar a oscuras o padecer la temperatura. Porque si bien la mayoría de los implementos hogareños que usamos no existían poco menos de cincuenta años atrás, lo cierto es que los hemos asimilados de modo tal que tampoco concebimos vivir sin ellos. 


PSICOMECANICISMO

El mecanicismo, padre del materialismo, es nuestro estilo de vida. Nuestra concepción de lo que es “progresar” en la vida se halla invariablemente encadenada a la ideas de posesión material, comodidades y opulencia. A una persona “le va bien” en tanto su economía personal crezca y pueda con ella alcanzar una mejor calidad de vida; es decir, poseer tierra propia, edificar una casa, acondicionarla con electrodomésticos, adquirir un medio de transporte, hacer turismo, darse otros lujos, etc.. Del mismo modo, el país “anda bien” cuando la relación entre los costos del mercado y los salarios laborales logran equilibrarse y así un mayor porcentaje de la población puede acceder a bienes y servicios. Entretanto nos medimos los unos a los otros y nos valoramos mutuamente según nuestro poder de compra y los bienes materiales que hayamos podido abarrotar a lo largo de la vida. Incluso el conocimiento mismo se ha vuelto un bien inmaterial que puede ser comprado y acumulado en pos de “progresar”. De allí que podamos decir que como sociedad somos lo que somos gracias al materialismo mecanicista y que éste ha anclado tan hondo en nosotros que ya ni siquiera lo percibimos como un “modelo” de pensamiento particular sino como la única forma de ser y estar. 
No es necesario adentrarse en los recovecos de la psicología humana para demostrarlo. El marketing es el arte de transfigurar necesidades reales en la necesidad de un producto que “garantiza” la satisfacción de lo deseado. En los comerciales vemos jóvenes exitosos que conquistan al sexo opuesto gracias a tal o cual marca de bebidas alcohólicas, tabaco, perfumes o aparatos tecnológicos cuya posesión facilitan y aceitan la obtención del objeto de deseo. La satisfacción, el éxito, la tranquilidad, el esparcimiento y toda una gama de sensaciones son asequibles mediante la compra de un bien de consumo; lo que convierte a ese producto en un solapado botón inyector de emociones.

Puntualizar la manipulación psicológica que el mercado ejerce sobre el consumidor es nada más que un puntapié inicial para abrir el juego a descubrir la existencia del mecanicismo en prácticamente todas las áreas de nuestras vidas cotidianas, lo cual es el objeto del presente capítulo. Porque hasta aquí, el aspecto negativo de tal concepción de mercadeo no afecta más que al incauto consumidor que se deja seducir por el facilismo que éste conlleva; dicho de otro modo, él es cómplice activo, consciente o inconsciente, de su funcionamiento. Pero en cambio, ¿qué pasa con aquellos que no tienen la opción de elegir no consumir? 


MECANICINA PRIVADA

El área de la  Medicina es una de las actividades más beneficiadas por la explosión cultural del positivismo. La farmacopea, las cirugías, la genética han aumentado la calidad de vida humana en los últimos cien años como nunca sucedió antes en la historia. Conocemos cada encima, hormona y componente químico, así como sus funciones específicas y cómo modificarlas en nuestro beneficio. Entendemos cada vez mejor la psicología de las personas y comprendemos el funcionamiento de las neuronas y las terminales nerviosas del cerebro. Las emociones y los estados de ánimos en general, junto a las capacidades cognitivas superiores como la lógica o la imaginación, han sido abordados y catalogados por la neurociencia como la secreción endocrina de ciertas hormonas que nos predisponen para sonreír, llorar o soñar.

Los sistemas de salud capitalistas del mundo, deliberadamente, han concentrado toda la atención médica en el tratamiento de la enfermedad ya avanzada poniendo muy poco reparo en los cuidados preventivos de males por completo evitables. Un estudio de la O.M.S. del año 1998 sobre las Causas de la Mortalidad Mundial revela que el 31% de un total de 53,9 millones de muertes anuales se debe a enfermedades cardiovasculares varias relacionadas a la mala alimentación, el sedentarismo y los hábitos nocivos legales e ilegales. Dieciséis millones de personas fallecen anualmente porque, lisa y llanamente, la medicina preventiva no es en absoluto rentable.  Resulta innegable que existen dolencias sólo combatibles mediante el uso extremo de tratamientos intrusivos del cuerpo humano (ya que no se puede hacer un doble by-pass a corazón abierto con yuyitos recolectados de la huerta); pero el buen funcionamiento económico de los sistemas de salud requiere de una constante renovación del plantel de enfermos que solicitan servicios médicos. 

El cuerpo lo podemos limpiar bebiendo dos litros de agua por día, según dicen las publicidades de agua embotellada. ¿Acaso no sería mejor dejar de ensuciarlo con café, cigarrillos o comida chatarra? Para el mercado de la medicina, el cuerpo es una máquina de carne cuya necesidad de salud puede ser controlada y explotada de manera sistemática. El caso de las vacunas es paradigmático en ese sentido, en tanto su uso ha erradicado epidemias y salvado miles de vidas, a la vez que su implementación obligatoria a nivel mundial ha enriquecido a las empresas farmacéuticas de modo tal que ya son corporaciones monstruosamente grandes. Episodios como la gripe aviar, o la gripe porcina son dignos de sospechas debido a las interrelaciones existentes entre los capitales detrás de los laboratorios productores de vacunas y los funcionarios que redireccionan fondos públicos para el negociado millonario que pretende salvar al mundo de una “terrible pandemia” que nunca llegó a tener la magnitud que inflamaron los medios de comunicación. 


LA EDUCACION MECANICISTA

¿Pero cómo es que el mecanicismo ha logrado convertirse en el paradigma de cosmovisión imperante en la sociedad global? Esto se lo debemos a la educación; quien igual que la medicina y la agricultura, es otro de los pilares sobre los que se emplaza y desarrolla la civilización moderna. Los sistemas educativos actuales; públicos, gratuitos y técnicos; podemos enmarcarlo dentro de los mayores adelantos sociales de los últimos siglos en cuanto a accesibilidad y masificación del derecho al conocimiento. En gran parte esto fue posible gracias a la tecnificación de la enseñanza y de los materiales de estudio. Sin embargo bajo éste velo de puro beneficio en realidad se esconde una faceta sutil que escapa a nuestros ojos por ser ajena a lo evidente, territorio que jamás podrá ser abordado desde la perspectiva del mecanicismo positivista.
De pequeños, niños de indistintas clases, reciben instrucción sobre todo aquello cuanto se refiere al mundo netamente material: física, química, matemáticas, gramática, geografía, biología o historia; todas ellas cátedras que se limitan a reflejar nada más que el fragmento material y mecánico del Mundo Real en el que vivimos. Salvo por algunas propuestas educativas innovadoras que buscan el desarrollo holístico del potencial propio de cada niño; la educación moderna inculca a los pequeños una concepción del progreso supeditada al dominio de los cinco sentidos, donde todo cuanto hay para saber, aprender y conquistar se limita a las lindes conocidas del mundo exterior, sin un mínimo atisbo de acercamiento a lo más íntimo del niño, su mundo emocional, psíquico y espiritual. 

Sin embargo, no deja de ser menos cierto que los trabajos actuales, tan variados y complejos a la vez, requieren de una formación académica intensa a fin de habilitar a los trabajadores, mediante la entrega de un certificado que los avala como agentes idóneos para tal o cual labor. Claramente esto ha sido un gran adelanto social, sobre todo en el ámbito de lo legal; no obstante podemos afirmar que tales requisitos de acreditación profesional plantean un obstáculo al crecimiento cultural de la sociedad toda cuando se vinculan a las dinámicas del mercado. 
El sistema educativo de acreditaciones profesionales plantea que a mayor tiempo de estudio mayores son los grados de conocimientos alcanzados por tanto mayores deben ser los honorarios profesionales del acreditado. De allí que terminada la educación media, los jóvenes aspirantes se ven forzados a continuar estudiando: postgrados, doctorados, maestrías, especializaciones, PhD, conferencias, simposios, talleres vivenciales, congresos, cursos de fin de semana. A tal punto salvaje ha llegado éste rentabilizar el conocimiento que los países del primer mundo empiezan a tener serios problemas económicos debido a la desregulación del mercado educativo. Entidades bancarias y culturales variopintas ofrecen créditos, préstamos u otras facilidades económicas al estudiante deseoso de alcanzar un nivel de formación superior al que sus propios bolsillos puede solventar. El profesional ya recibido sale al mundo por completo endeudado, apretado por cuentas o modalidades de pago que no condicen con la realidad laboral. O sea, les otorgan créditos que no podrán devolver.

En éstos términos se expresa Tolstoi en su Esclavitud Moderna cuando hace referencia al sistema educativo de su época, bastante similar al de hoy día: 
“La educación es la madre del mundo moderno. Y esta educación se hace manifiesta en vías ferroviarias, los telégrafos, la fotografía, los teléfonos, los rayos X, las clínicas, exposiciones y mediante todo los perfeccionamientos del confort, que para ellos es como una cosa sagrada…”, “… mas los teléfonos, la luz eléctrica, todos los jardines de la arcadia del mundo y sus conciertos y sus entretenimientos, los cigarros, las cajas de cerillas, los tirantes y hasta los automóviles; me parece espléndido mas desaparezcan todos esos objetos junto con los ferrocarriles y las fábricas de telas y paños si para hacer perdurar esas fuentes de goce y de comodidades en beneficio de una minoría privilegiada, el noventa y nueve por ciento de los hombres deben quedar en la esclavitud y seguir muriendo a consecuencia del trabajo al que se les obliga…”. 
“Si algo importa en realidad es que no quede rastro alguno en la tierra de la esclavitud que tantas existencias humanas ha acabado…”, “…Por lo demás, la cultura útil jamás desaparecerá. Ocurra lo que ocurra los hombres jamás se verán obligados a remover la tierra con estacas ni a alumbrarse con teas de resina. Los adelantos técnicos que se han efectuado a costa de una penosa esclavitud no se esfumarán. Tan solo con que los hombres comprendan que para satisfacer los planes de la existencia propia no pueden sacrificar la de sus semejantes, entonces se sabrá aplicar todos los adelantos de la industria a salvaguardar, en cambio de comprometer, tantas vidas preciosas y guardar el poder adquirido sobre la naturaleza hasta donde es compatible con la emancipación de sus hermanos…”

LA NUEVA ERA MECANICISTA

Todas las culturas del mundo, de un modo u otro han desarrollado diferentes técnicas o rituales para trascender los límites del Yo y expandir la conciencia más allá, hacia esferas superiores del ser. Tal vez Occidente sea la excepción a ésta regla, probablemente gracias a una deficiencia de la institución religiosa imperante; la cual siempre ha procurado mantener bien separado al rebaño del pastor. Sin embargo, el común denominador de las personas en algún momento de su vida siente un atisbo de espiritualidad, eso de creer que hay algo más allá de la materia es un impulso natural. Al no poder canalizarlo a través del cristianismo se busca otras vías, de las cuales podemos identificar con claridad dos principales: las drogas y el espiritualismo.
 Pero tal como se presenta y desarrolla la actividad comercial de la espiritualidad moderna, deberíamos aclarar que en cierto modo esa válvula de escape muchas veces termina convertida en poco más que un placebo al alcance de todos aquellos con el dinero suficiente para costearlo. Maestros luminosos, guías espirituales o instructores de todo tipo pueden transmitirnos los ancestrales conocimientos del arte de vivir por una módica suma y durante el corto lapso de un fin de semana en el que nos sobreoxigenáremos hasta el delirio. 

 No se pretenden desdeñar de las virtudes reales y concretas que lo ancestral puede brindar a nuestros sistemas de creencias, ni mucho menos desvalorizar los innumerables beneficios prácticos que dichas enseñanzas puede plasmar en la vida cotidiana de los individuos. Es bien real que gracias a la Nueva Era miles de personas están cambiando sus hábitos con el cuerpo, o su relación con el medio ambiente. Es pues necesario reconocer su aporte al cambio de conciencia social en actual gestación e incentivarlo para que así continúe. 
Lo que preocupa entonces no son los resultados. Nada de eso se pone en tela de juicio, sino la accesibilidad; los medios casi exclusivos por los cuales se encausa la transmisión de las diferentes técnicas para abrir puertas de acceso hacia otros ámbitos de la percepción; es decir a través del intercambio de dinero. El fenómeno del chamanismo moderno es interesante de resaltar dado que se nos presenta como un ejemplo claro y conciso. Chamanes de hoy, urbanos o selváticos,  cobran ciertas sumas por suministrar una experiencia mística disparada por el consumo de sustancias a base de plantas enteógenas que facilitan o catalizan el accesos directo a un estado de conciencia amplificado. 
En efecto tales ritos son una poderosa puerta a una realidad que escapa a los cinco sentidos; pero el error radica en que ésta metodología de exploración interior, éste proceder comercial-espiritual, enseña y reafirma que la única manera de expandirnos más allá es precisamente a costa de ellos, por medio directo de la alteración del cuerpo, la mente o sus sentidos; es decir al mismo tiempo, por medio directo del dinero que abona el servicio. Tal vez por eso las plantas sagradas de la antigüedad, o sea los estupefacientes de hoy, legales o ilegales, han anclado fuerte en la visión mecanicista de la propia existencia que adoptó el hombre occidental. 

 Como ya hemos dicho, todas las culturas que han desarrollado en mayor o menor medida un medio social y religioso para inducir estados alterados de conciencia; lo han hecho así precisamente a fin de prevenir que dicho paso sólo quede circunscrito a la mera alteración química de los receptores eléctricos del sistema nervioso central. Occidente ha hecho precisamente lo opuesto. 
Y éste es el yugo más pesado que cierne sobre nosotros la visión mecanicista: se confirma a sí misma cada vez que se recurre a ella. Cada vez que se toma una pastilla o se consume marihuana, se confirma a la mente que el modo de conseguir ese estado particular es a través de esa sustancia particular; así, la mente traduce dialécticamente su capacidad de alcanzar un estado alterado de conciencia en una necesidad de cierto objeto material adquirible. Como dijimos al principio de éste capítulo, el mercantilismo mecanicista ya no es una actividad restringida al mundo palpable de las cosas materiales, sus dominios se han extendido al interior del hombre ofreciéndole una alta gama de sensaciones por experimentar con solo ingerir una sustancia fabricada por la industria o tomando un curso acelerado de fin de semana. 

Esta visión sesgada de la vida no es fortuita, sino que es sostenida colectivamente debido a que las instituciones de poder consideran esencial mantener a los individuos vacíos de sí mismos y llenos de una visión del Mundo que no condice con el Mundo. Sobran las pruebas sobre los beneficios reales de las terapias holísticas o de los métodos de educación libertarios como también sobre los cultivos orgánicos y tantas otras formas de Realidades ajustadas al Mundo Real. 
Sin embargo, ni un solo gobierno del planeta promueve ninguna de éstas cosas porque eso significaría en cierto sentido tirar abajo el paradigma actual en que Mente y Materia son opuestas; lo que a su vez implicaría reformular nuestra visión del Ser Humano y su relación de dominio sobre la Naturaleza, por ende, también de sus congéneres. Es decir, un cambio de cosmovisión profundo que replantearía nuestra forma de poseer los recursos naturales de manera privada, nuestro modo de producción, o de consumo y desechado: nuestro modo de vida mismo. Tal cosa sería dar la espalda a las Sombras del muro, despertar en cierto sentido. Mirarnos los grilletes en pies y manos, verlos en los cuellos de nuestros hermanos.
Ese es el destino de las Sombras, de la Realidad, el espectáculo del Sistema, el pan y circo para el pueblo. Mantenernos ajenos y distraído de que en verdad somos mucho más que homínidos intelectuales. Mucho más que ciudadanos y trabajadores respetuosos de la ley. Mucho más que una civilización productivista cuyo único anhelo es la acumulación de riquezas. Despertar a tales realidades es darnos cuenta colectivamente que nuestra concepción mecanicista y mercantilista de la vida es encarar la vida con un solo ojo y una sola mano; porque la otra parte se halla presa y nos mantiene sujetos en una Realidad inacabada, privada. De ésta privación emanan las sombras proyectadas en el muro. 


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ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías". 

AUTOR
Piedrabuena

EDITADO POR
Editorial Tinta China
editorialtintachina@gmail.com
www.editorialtintachina.blogspot.com

Licencia de Creative Commons
La Esclavitud Moderna de Piedrabuena es licenciada bajo los derechos  Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Creado a partir de la obra en www.piedrabuena.blogspot.com

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