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lunes, 18 de agosto de 2014

Esclavitud Moderna - [-] Introduccion

ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones

Sobre “La Esclavitud Moderna” 
de León Tolstoi. 


Este ensayo “antisistema”, o mejor dicho la idea de hacerlo, se inspira en otro ensayo llamado “La Esclavitud Moderna”, de León Tolstoi. Tras investigar un poco descubrí que había pasado un siglo desde la muerte de Tolstoi, y que aquel había sido uno de sus últimos escritos. Algo se disparó en mí y desde ese momento he intentado reflejar y hacer eco de sus pensamientos centenarios en el presente y ver cuánto de adelantado tenía aquel hombre, cuyas palabras siguen aún hoy siendo tan vigentes como monstruosas.
Testigo presencial de la avanzada revolución industrial y el desarrollo pujante del capitalismo contra el socialismo, más la aparición de su hermano mutante, el comunismo; Tolstoi se horrorizaba por las consecuencias nefastas que estos cambios producían en el orden social de su época: el mayor éxodo rural de la historia de la humanidad era por entonces prácticamente irreversible. Bajo presiones del fisco con impuestos exorbitantes o mejores servicios y productos urbanos; labradores y campesinos se veían obligados a dejar sus familias y sus tierras para hacinarse en las grandes urbes en pos de puestos laborales hasta entonces inexistentes.  Allí efectuaban trabajos insalubres de toda índole, como los tinteros que contraían tuberculosis por el plomo de la tinta. Tolstoi remarcaba que los abusos no eran sólo físicos, sino también psíquicos y emocionales. El ejemplo que él menciona para demostrarlo es el de la industria textil que empleaba sólo mujeres, muchas de la cuales debían trabajar embarazadas, o en la peor de las veces, entregar sus niños en adopción dado que aquel régimen laboral no contemplaba moratoria alguna al trabajador, siendo despedido ante la primera falta. 

A los ojos de nuestra época, todo esto luce fantástico o cuando menos exagerado. ¿Cómo una mujer va a dar sus hijos en adopción sólo para conservar su puesto de trabajo? Y en cierto sentido podríamos decir que está bien que así nos parezca puesto que no ha pasado un siglo en vano. Las condiciones laborales de los albores del capitalismo eran ciertamente salvajes, y ha sido a fuerza de una cruda lucha social, huelgas obreras y otras acciones políticas similares las que han permitido a los obreros protegerse los unos a los otros del salvajismo egoísta de los capitalistas. Sin embargo, como nos proponemos desarrollar a lo largo de las siguientes páginas, todos estos adelantos y conquistas sociales de hoy día; las cooperativas de trabajo, obras sociales, gremios, derechos del trabajador, etcétera; por el contrario son actualmente los nuevos métodos de sujeción laboral que solapan la ancestral lucha de los sometidos por derrocar un sistema esclavista que puede reducirse en la simple fórmula: privar el acceso a la satisfacción de las necesidades básicas para que los desposeídos entreguen de buena gana su fuerza de trabajo. 
       Una gran mayoría de las victorias obreras contra el Capital lo fueron en su momento históricas; pero el capitalismo tiene por gran virtud se capacidad de cooptar, abrazar y absorber todo posible antídoto en su contra, para incorporarlo a la maquinaria productivista; haciendo que en última instancia de la victoria obrera un paliativo, un parche, una serie de apuntalamientos a un sistema defectuoso que desde sus bases hace agua por todas partes; y que a diferencia de dar una libertad real y sentida apenas brinda una “ilusión de libertad”. 
“¿Qué singular ceguera nos impide ver la suerte de millares de trabajadores que pagan con su existencia para procurarnos comodidades?” se preguntaba Tolstoi en su época. Y de igual modo nos podemos preguntar hoy nosotros, ¿cómo hacer que alguien que no tiene opción alguna, o que no cree poder tenerla, o que teniéndola no logra verla, o viéndola ni siquiera le interesa; cómo hacer para transmitirle todo esto y lograr que lo piense, lo sienta, lo vibre, lo sea?  Más aún, ¿cómo hacer para que aquellos que manejan las opciones, quienes tienen la sartén por el mango y tejen los hilos de las marionetas, suelten de una buena vez y seamos por fin libres, autosuficientes e interdependientes, iguales, hermanos? 



LA CAVERNA DE LAS ALEGORÍAS

La respuesta a estas preguntas tan complejas no estaba muy lejos, aunque sí algo perdida en el tiempo pues, cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo, un filósofo griego ya se había ocupado de responderlas con la famosa Alegoría de la Caverna. He aquí una versión resumida de la primera parte para quienes nunca oyeron hablar de ella: 
     Platón plantea un juego de la imaginación en la que nos invita a introducirnos dentro de una caverna profunda en cuyo fondo podemos hallar un grupo de personas encadenadas y con las cabezas fijas, obligadas a observar una pared. En ese muro se proyectan sombras desde un punto detrás de los prisioneros que estos ignoran, donde hay un biombo y una fuente de luz que otros usan para generar las sombras.
  Como los sujetos están obligados a mirar las proyecciones nunca han visto otra cosa, y como ignoran la existencia de lo que tienen a sus espaldas, creen fervientemente que esas sombras son la realidad absoluta, la verdad toda. Algunos de ellos se especializan en interpretar las proyecciones, en conocerlas y estudiarlas. Incluso se felicitan y se premian por la destreza en reconocer formas y eso hace que algunos sean más poderosos que otros, con mayores honores y beneficios. 
      
Pero, ¿qué sucedería si se liberase a uno de los prisioneros y se le mostrase el resto de la verdad que no veía? Probablemente en un principio sentiría confusión y luego rechazo, pensaría que lo que se le muestra es menos real que lo que él consideraba como su realidad. Si se lo llevase a la fuente de luz le molestarían los ojos y querría voltear el rostro a la oscuridad a la que está acostumbrado. Si se lo quitase de la caverna para exponerlo a los rayos del sol sentiría esto como una verdadera tortura y pediría a gritos regresar al interior. 
Eventualmente se acostumbraría al Mundo Real tal como es y hallaría gozo en una existencia mucho más amplia que la de la caverna. A la larga sentiría piedad por sus hermanos y querría compartir la alegría de la libertad con ellos, razón por la que decide regresar al interior para liberarlos. En un principio las profundidades lo ciegan por no tener la visión acostumbrada a la oscuridad. Una vez junto a los prisioneros su palabra no tendría crédito porque no podría reconocer con tanta facilidad las sombras como ellos y sería el hazmerreír del grupo. Le quitarían los honores y los beneficios le dirían que su viaje hacia la libertad ha sido en vano pues le ha estropeado los ojos. Pero aquel ya no le importa la competencia por reconocer las sombras puesto que las sabe ficticias, y aún así intenta liberar a sus hermanos de la mentira corriendo el riesgo de ser asesinado en el proceso. ¿Quieren los prisioneros ser liberados y perder sus honores y beneficios?, se pregunta Platón hacia la mitad de su discurso.

La Alegoría de la Caverna es aún más larga y continúa ocupándose de otros temas, pero éste fragmento inicial nos brinda una imagen clara de la concepción que Platón, y en cierto modo Tolstoi, compartían con respecto al estado de la sociedad, el cual incluso nosotros a su vez adoptamos para abarcar el tema que nos toca. Sólo de éste modo podemos llegar a esbozar respuesta alguna a las interrogantes planteadas sobre la ceguera humana. Sólo aceptando que nos hallamos encadenados, y con la cabeza inmóvil, mirando un muro sobre el que proyectan sombras, es que podemos empezar a entender por qué nosotros mismos somos cómplices cotidianos de un sistema, cuando menos, perverso que no nos espanta como debiera.



A éstas alturas de la historia de la humanidad, donde el cinismo y la hipocresía han alcanzado ya niveles bizarros; como bien puede ser el caso de los Estados Unidos, que en nombre del Orden y la Paz conduce guerras colonialistas en cuanto lugar pose sus intereses económicos; bien podemos decir que la Alegoría de la Caverna nos queda chica pues hemos entrado hace mucho tiempo ya en la Caverna de las Alegorías, donde las cadenas no son necesarias para mantenernos sujetos como tampoco vemos sombras sobre un muro sino sombras de sombras sobre humo. Como lo ha dicho Tolstoi en su libro, y como lo reafirmamos aquí cien años luego, la esclavitud; en su recto sentido de ser un estado individual o colectivo que obliga invariablemente al trabajo; no ha desaparecido en lo más mínimo, sino por el contrario se ha enmascarado como el orden natural de la sociedad actual sin que la población en general tenga una noción real de cuán poca libertad tienen las personas o las naciones que éstas componen.



Romper con estas ilusiones o espejismos de libertad y desenmascarar las iniquidades concretas del sistema actual es el propósito del presente libro. Para ello invitamos al lector a recorrer la Caverna de las Alegorías rumbo a su salida para alcanzar el mundo exterior y aprender a diferenciar las sombras de la luz. Porque sólo así podremos entonces tener el privilegio de elegir vivir de un modo u otro, la virtud de la voluntad puesta en acción para cambiar la realidad actual o sostenerla tal cual está. El primer paso es suyo, y la decisión final también. Adelante…

--o-- 
[I] SOMBRAS DE SOMBRAS SOBRE HUMO>>


ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías". 

AUTOR
Piedrabuena

EDITADO POR
Editorial Tinta China
editorialtintachina@gmail.com
www.editorialtintachina.blogspot.com

Licencia de Creative Commons
La Esclavitud Moderna de Piedrabuena es licenciada bajo los derechos  Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Creado a partir de la obra en www.piedrabuena.blogspot.com

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