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martes, 19 de agosto de 2014

Esclavitud Moderna - [IV] VERTICALISMO

ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones



AL SERVICIO SECRETO DE SU MAJESTAD

Sólo un necio afirmaría que hay peligro en el desarrollo espiritual, científico o legal de las sociedades actuales. Sin embargo, como hemos visto, no siempre dicho progreso puede ser llamado adelanto, principalmente si presenta una relación servil clara para con las instituciones de gobierno. Entonces, podemos preguntarnos: ¿cuántas leyes existen en tanto son funcionales y beneficiosas para quienes las dictan? Pero antes que nada ¿qué es la ley? Y, ¿qué es lo que autoriza a los hombres a poder crearlas? 
En respuesta a éstas dos últimas preguntas se podría decir, en primer lugar, que la ley es un precepto de carácter obligatorio que manda o prohíbe algo en relación directa con la noción de justicia que sostiene la autoridad de la que emana y sobre la que pesa una pena impuesta en caso de incumplimiento. Para responder la segunda pregunta diremos que lo cierto es que siempre han existido distintas esferas de poder encargas del ordenamiento social, cuyo recurso predilecto suelen ser coloridas explicaciones para justificar el que ellos, y no otros, sean los ejecutores de dicho orden.

  “Cuando los hombres se han alejado del bien, suponen siempre alguna concepción del mundo que cohoneste sus actos, representándoles como el instrumento idóneo de una fuerza superior que los obliga”, explica Tolstoi. A fin de hacernos una imagen más acabada de lo que nos quiere decir resulta interesante repasar la evolución del discurso utilizado por las entidades de poder a lo largo de la historia. 

Uno de los primeros roles de dirigencia que podemos reconocer entre los pueblos nómades primitivos es el de Brujo o Sumo Sacerdote; aquel capaz de mantener un vínculo directo con el Ordenador Cósmico, el guía o pastor poseedor de los conocimientos ancestrales que permiten salvar al grupo de las contingencias del destino y la naturaleza.
Con el fin del nomadismo y la aparación de la agricultura sedentaria éste justificativo discursivo verticalista siguió vigente pero en aquellos capaces de predecir el futuro del clima para obtener buenas cosechas. El crecimiento de las sociedades y la multiplicación de las actividades también significó  una multiplicación de divinidades y templos que poseían a su vez seguidores, delegados y asociados al poder. Se podría decir que los Dioses literalmente competían entre sí para lograr mayores adeptos y donaciones a sus propias causas. 
Aparece entonces el monoteísmo y éste se apodera de casi todo occidente en un principio por efecto contagio cultural, después por imposición militar. El justificativo discursivo verticalista del cristianismo ante el cuestionamiento era simple: el Orden Divino preestablecía el que unos padezcan y otros disfruten, prometiendo a los sufrientes un alivio en el paraíso, después de la muerte; mientras que los gobernantes representaban nada más que un canal a través del cual la divinidad impartía justicia. Dicha explicación a la arbitrariedad fue aplicable sólo mediante el uso de la violencia. Para darle un giro a la historia, los doctos en teología concluyeron entonces que si bien el vasallaje no podía hacer nada por cambiar su suerte pues la voluntad divina así lo disponía, era menester que los Señores atendiesen y se ocupasen de las necesidades básicas de sus siervos, darles cobijo, procurarles los medios de producción. 
  Hubo de correr bastante tiempo y sangre hasta que los oprimidos volvieron a mostraron reticentes de someterse a una voluntad divina  de dudosa procedencia; que no sólo era injusta, arbitraria y poco coherente con la noción de un Ordenador Cósmico bondadoso; sino que además estaba al servicio de unos pocos, encargados de sostener y perpetuar los medios de explotación. Luego advino la abolición de la esclavitud y el decaimiento de las instituciones religiosas como esferas de poder, un verdadero y profundo movimiento social. Principalmente en el ámbito ideológico, pues cabe destacar que nuevamente poco se modificó para los oprimidos, ya que éste cambio sólo se introdujo y fue aceptado por los sectores actuantes del sistema una vez que estuvieron reorganizados y listos para que la revuelta civil fuera a nivel superficial, en el ámbito de las formas. 

En resumen, el poder antiguamente entregado por Dios, ahora es avalado por el desarrollo económico de los Estados o los  Individuos y sus Empresas Privadas. Se cambió la religión por la ciencia, al rey por presidentes, las cruzadas por campañas políticas, los sacerdotes por licenciados, los obispos por ingenieros, los mandamientos por leyes de las fisicoquímica, los preceptos morales sustituidos por derechos y obligaciones, leyes y dinámicas económicas, leyes incuestionables, impartidas por agentes sociales amparados bajo el ala del falso consenso común. En fin, la misma historia, los mismos actores, diferentes escenografías, diferentes disfraces. Más inteligentes se ponen los esclavos, más complejos se vuelven los artilugios para esclavizarlos.

Resulta claro que para imponerse violentamente sobre un grupo personas se requiere de la ayuda activa de varios otros violentos en la labor sistematizada, organizada, premeditada de subyugar con uñas y dientes el desacato. En la actualidad, tal labor es un oficio, una carrera profesional y sigue siendo un ejemplo claro de la sistematización de la violencia como método de garantizar la docilidad civil. 
La mixtura de violencia y manipulación psíquica de la fuerza policial patrullando para evitar el crimen, “al servicio de la comunidad”, es tan vieja que incluso la palabra Policía es hija de la Polis griega. Sin embargo, la fuerza policíaca de hoy día es en realidad una creación relativamente nueva como medio de control social puesto que el matón a sueldo se ha convertido en un agente de la ley, un funcionario público, por tanto un trabajador más de la nómina estatal. De éste modo, el antiquísimo trabajo de sosegar el descontento a golpes; la peor de todas las traiciones al pueblo, se disfraza de necesidad social para el mantenimiento de la paz y el orden. Peor todavía, es un puesto laboral al que se avocan quienes tienen poca o nula opción de algo mejor; lo que a fin de cuentas deriva en que la lucha contra el crimen es en realidad la lucha del pobre contra el pobre. 
Si lo que es crimen y no lo es depende de lo que disponga una ley: ¿cuántos crímenes podemos combatirlos abatiendo leyes antes que delincuentes? ¿Cuántas menos villas miserias y pobreza existiría si se redactaran leyes que permitieran a la gente instalarse allí donde nadie esté usando? ¿Qué hay de criminal en expropiar una hectárea de tierra  a un propietario que posee más de mil? ¿Qué tal si se estableciese un techo legal a las riquezas y las posesiones? ¿Qué tal si poseer más de lo debido fuera criminal porque en un mundo materialmente finito la opulencia desmedida atenta contra la red social? 
En concreto: la ley como las conocemos hoy día se halla erigida con la argamasa de lo privado, las fuerzas de la ley protegen el derecho a privación que se adjudican quienes poseen. Podemos entonces concluir en breves palabras, tal como afirmaba Tolstoi, que “la ley es una norma establecida por hombres amparados en la violencia sistematizada”. Con lo cual también podemos aseverar que lo que autoriza a ciertos hombres a crear leyes es a su vez dicha violencia sistematizada.

EL PODER COMO RAIZ DE LA ESCLAVITUD

Tolstoi postula: 
…“las leyes que reconocían a algunos privilegiados el derecho de tener esclavos y de sujetarlos a un trabajo obligatorio han sido sustituidas por otras que garantizan a esos mismo privilegiados la propiedad de todas las tierras. Esos derechos esclavizantes han sido sustituidos por el impuesto obligatorio, prefijado y cobrado por los mentados privilegiados…”, “…En su primera forma, la esclavitud no era otra cosa que un medio de imponer a los hombres el trabajo. Luego de haber revestido aspectos diferentes, que la disimulaban mas o menos -propiedad de la tierra, impuestos, propiedad de los artículos de consumo y de los medios de producción- la esclavitud torna a su forma antigua, refinada apenas: la obligación de trabajar…”
“…Pues es necesario convenir que la esclavitud moderna no depende puramente de los tres principios de la legislación actual, en los cuales se basa hoy por hoy, ni de tal o cual artículo de cualquier legislación sino de la posibilidad misma de legislar; de ejercer el poder que se han atribuido ciertos hombres, de redactar leyes convenientes a sus intereses; y de deducir que la esclavitud existirá en tanto exista ese mismo poder”.

Tantos años y generaciones han pasado, tal es nuestra concepción y educación en éste mundo que aún siendo esclavos damos las gracias y nos sentimos más libres que nunca en toda la historia cuando en realidad poco y nada ha cambiado de verdad. Toda propuesta, toda nueva legislación, toda modificación al sistema será útil en tanto y cuanto entregue el sistema legislativo al pueblo para que el ordenamiento social provenga de un verdadero consenso y no de la imposición violenta. ¿Cuánto tiempo tardaría en legislarse una reforma agraria si el lobby de los terratenientes fuera anulado o si el Estado no mandara a proteger sus bienes con las fuerzas? 

Pero a diferencia de lo que se cree, la sistematización de la violencia no es una creación netamente humana per se. Por el contrario, se trata de un comportamiento animal que nos acompaña, evolucionando en la misma medida en que evoluciona la mente racional y sus expresiones en el mundo tangible de la materia. Muchas especies animales de hábitos gregarios, entre ellas el hombre, poseen una rudimentaria estructura social verticalista según la cual el macho o hembra alpha a la cabeza de la manada toma las decisiones y las hace respetar ejerciendo presión y violencia sobre los demás miembros hasta que alguno más fuerte o inteligente, logra destronarlo. 
Con la evolución del hombre, los mordiscos y arañazos se transformaron  en piedras y garrotes, luego en hachas, espadas, arco y flecha, bayonetas, rifles, cañones, granadas, bombas, misiles, tanques de guerra. Medios de comunicación, panfletos, propaganda, instituciones, tributos, burocracia, leyes, registros, acreditaciones, placas, uniformes, macanas, patrulleros, picanas, crisis económicas, pandemias, etcétera. Desde los principios hasta el día de hoy, aquellos que desean detentar el poder han hallado el modo de someternos a su voluntad con diferentes y creativos medios para tales fines.
Como bien ha dicho René Guénon anteriormente; un orden social regido por las pasiones veleidosas de los poderosos inevitablemente desemboca en otro regido por la razón y las leyes objetivas. Podríamos considerar entonces que la esfera de poder se ha trasladado, se ha transfigurado pero sigue estando ahí, irrevocablemente presente. Por ello resulta demás claro que la especie humana, sea por instinto o costumbre, ha adoptado una estructura verticalista para su ordenamiento social pues desde siempre han existido hombres o instituciones encargados de tales quehaceres con una clara tendencia a beneficiarse con el proceso.
VERTICALISMO COTIDIANO

Si bien hasta el momento hemos puntualizado la existencia del Verticalismo en los ámbitos de poder, sean estos de carácter político o espiritual, hemos de destacar que dicha estructura se halla presente en prácticamente todas las esferas del quehacer humano moderno. La organización del Estado, pasando por el gobierno nacional, el provincial y el municipal, las jefaturas policiales, las instituciones de salud y educación, clubes y asociaciones civiles, empresas del sector privado, el agro y la industria; prácticamente todo, salvo contadas y expresas excepciones, posee una estructura jerárquica donde un individuo alpha tiene la última palabra. 

Nótese que no se ha incluido a la familia en la lista, puesto que el empoderamiento femenino ha cambiado en gran medida el esquema del núcleo familiar propuesto por el patriarcado. Pero de hecho la palabra Patria, que tanto nos han inculcado en la escuela con un sentido de nacionalismo, refiere de manera directa a lo patriarcal, al padre, la figura masculina como icono de jerarca o rector. Los libros de historia educativos, básicos y obligatorios que establece el Estado, abundan en figuras patriarcales de gran porte y nobleza que han de ser tomados como ejemplo de vida, de progreso y prosperidad. Son ellos a quienes se destinan la mayoría de nuestros monumentos, plazas, estaciones de trenes, calles, escuelas y nombres de ciudades. 
Con una mirada objetiva no demasiado profunda en los registros históricos podemos decir que un grueso porcentaje de ellos fueron señores acaudalados que promovieron grandes empresas expansionistas midiendo el costo según éste sirviese a sus interese particulares, militares, políticos o económicos. Disponían de las masas para provecho propio y en nombre del progreso mandaban a los hombres a luchar contra aquellos líderes naturales y populares que sí pretendían una organización social más equitativa; los cuales han sido sistemáticamente solapados, escondidos, vilipendiados para pasar a la historia como el enemigo.


No es una reivindicación de las luchas de clases históricas lo que nos atañe en el presente capítulo pero nos servimos de ella para mostrar que desde el mismo sistema educativo, que construye y co-crea la realidad de los infantes, se nos insta a asimilar el Verticalismo como la única forma de organización civil capaz de dar frutos a largo plazo. El maestro está parado al frente, los niños sentados. El maestro habla, los niños callan. El maestro manda, los niños hacen. El mismo esquema prosigue en el resto de las instancias educativa y se propala más allá, al mundo laboral, al resto de la vida. 
El mundo se divide entre los que saben y los que no, los que ordenan tareas y los que las ejecutan, los que enjuician y los enjuiciados.
Así planteado, los niños son adoctrinados, y los maestros adoctrinadores, en una cultura que invita a una forma de vida expansionista y voraz, al parecer la única e imprescindible forma de ser y estar en el planeta Tierra, donde el deseo y la ambición individual se halla por sobre el bienestar comunal. La carrera profesional se vuelve una búsqueda casi existencial, y finalmente resulta hacer honor a su nombre: carrera, hacia una sima difusa en la que se vislumbra prestigio, dinero o estabilidad necesaria para estar a la altura de lo que nos han instaurado en la mente de pequeño: eres alpha o no eres nada. 


LA TERCERIZACIÓN 
DE LA VIDA COTIDIANA

Como hemos dicho en el capítulo anterior, el positivismo y la modernidad han alcanzado una profundidad en los conocimientos específicos sin parangón en la historia, logrando en el campo de la medicina, por citar un ejemplo, especializaciones cada vez más complejas que permiten tratar enfermedades y situaciones antes insalvables. Esto sin duda ha sido, y es, un avance por completo encomiable, en tanto y en cuanto la población en general pueda tener acceso al servicio. Al profesional de la salud acudimos en última instancia como cuando se nos avería el coche y vamos al taller mecánico. 
Tal tercerización de aspectos fundamentales del buen vivir no sólo nos dejan a la merced de una medicina netamente mercantilista que dispone de nuestra salud en relación directa a la solvencia económica que poseemos, sino que además entrona al profesional en un nivel de superioridad de difícil desarticulación puesto que es él quien posee el conocimiento y por tanto es su criterio el que se ha de seguir al pié de la letra.

Un zapatero no puede discutir con un profesional de la salud mental sobre cuál es el mejor tratamiento para la esquizofrenia. Es necesario que en todas las áreas de la vida en sociedad halla voces cantantes que marquen el ritmo o la dirección, agentes idóneos para la dirección comunal. Eso no es desdeñable, sino el que aquellos sean marionetas involuntarias de intereses económicos o políticos ocultos detrás del adoctrinamiento recibido en las instancias educativas formadora de profesionales. 
Tal es el caso, como se ha visto en el Capítulo 2, de los ingenieros agrónomos, quienes deberían velar por sobre todas las cosas por la salud y fertilidad de los suelos. Sin embargo, el adiestramiento en la ingeniería agrónoma apunta casi en exclusivo al buen manejo de un emprendimiento agrícola de escala industrial con el fin último de producir rentablemente para el mercado internacional. Poco o nulo es el entrenamiento recibido en otras formas de producir para el autoabastecimiento de las comunas, o para garantizar la seguridad alimentaria, en vez de servir a los intereses del modelo económico impuesto por el lobby de las grandes empresas en los temarios universitarios. 
La sociedad funciona sobre las bases de la confianza mutua, de eso no cabe dudas. El Estado y el sistema legal se encargan de afianzar esos lazos invisibles avalando las certificaciones de idoneidad que promueven la confianza en el profesional. Por éstas certificaciones o avales expendidos por el “líder” (gobierno) a nadie se le ocurriría pensar que la pasta dentífrica pueda poseer un componente químico venenoso, con propiedades cancerígenas o capaces de alterar el comportamiento. Vaya tontería, las sociedades de odontología avalan el flúor en honor a la más pura verdad positivista, quienes bajo ningún aspecto cederían a los caprichos del mercado farmacológico o las resoluciones inapelables de la Organización Mundial de la Salud. 


La certificación del profesional idóneo para tercerizar las infinitas labores que insume la vida moderna podemos apreciarlo en todo. La alimentación, la construcción de hogares, el diseño de indumentaria, la salud mental son depositadas en manos de quienes son avalados por la entidad emisora de certificados; léase Estado, Universidad, etc.. El profesional manda y el cliente paga. Pocas son las personas que pueden decir “yo cultivo mis alimentos” o “yo hice mi casa con las propias manos”. El sistema no deja tiempo para otra cosa que dedicarse exclusivamente al oficio que se posee a fin de obtener dinero con que pagar a un tercero que resuelva nuestros problemas y necesidades. Lo que pagamos es el tiempo, la energía y el conocimiento que trae ese tercero, de lo contrario tendríamos que ponerlo nosotros. Ese tiempo que compramos lo dedicamos a profundizar cada vez más en un solo aspecto de La Realidad descuidando todo lo demás. Y aquí radica el peligro, pues cuanto más ignoramos sobre cómo procurarnos los elementos esenciales para la vida cuanto más dependemos de quienes sí poseen el conocimiento o los medios de producción. Por ende, estamos casi por completo a su merced.

ARRANCAMOS CON EL PIÉ IZQUIERDO

Tal vez el ejemplo más extremo de dicho entronamiento es de los profesionales de la salud encargados de dar la bienvenida al mundo a los recién llegados: los obstetras. Durante milenios las mujeres y los bebes han tenido la totalidad del protagonismo en el proceso de parto, cuando embarazadas y comadronas se encargaban de transitar la delicada instancia de manera proactiva. Así ha sido desde la época de las cavernas hasta casi principios del siglo XX. Entonces todo cambió, el sistema médico tomó las riendas con la intervención de los partos como si de una enfermedad se tratase. 
En pos de preservar la salud de la mujer y su cría, ambos han quedado en un segundo plano y es el profesional es quien tiene el rol primario en todo el proceso. Ya no se respetan los tiempos naturales necesarios para la sana dilatación del canal de parto, ni la necesidad de la madre de buscar la postura que le resulte cómoda para parir, ni mucho menos la necesidad del recién nacido de ir directo al pecho materno tras llegar al mundo. Incluso el hecho de hacer parir a las mujeres acostadas boca arriba, inmóviles; lo que atenta de manera directa contra la fuerza de gravedad –importante partícipe en el proceso–; nos da una imagen clara de la pasividad a la que es sujeta la parturienta, en beneficio exclusivo del profesional.


Podríamos afirmar entonces que es el propio sistema médico el que procura los problemas que él mismo después se encarga de solucionar, generando en la conciencia de los pacientes la falsa ilusión de que sin el profesional todo hubiera sido un infierno. No podemos negar que el parto es una experiencia extrema y dolorosa, siendo por demás válido que cada futura madre tenga derecho a transitar la instancia como crea conveniente: con o sin anestesia, con o sin intervenciones médicas. Lo que no podemos calificar como válido es que el Estado, y particularmente el sistema de salud, no contemple ese derecho a elegir de quienes prefieren optar por practicas más naturales; pues si bien se ha actualizado la ley del derecho a parto respetado, son las obra sociales o incluso los mismos profesionales quienes recurren a trabas de todo tipo para inducir tratamientos innecesarios que redundan en mayores dividendos para sus bolsillos. 


La realidad perversa es que el profesional percibe más dinero por intervenciones quirúrgicas que por partos fisiológicos, a la vez que el paciente afiliado siente que con justa razón paga la cuota de la obra social o sino la intervención médica le hubiese costado un ojo de la cara. Éstas críticas al sistema medicinal sirven para completar el cuadro patriarcal contra el que vienen luchando los diferentes movimientos feministas modernos. Adentrarnos en una reivindicación de género nos desviaría del tema central que nos atañe puesto que el patriarcado o el matriarcado son en realidad manifestaciones del Verticalismo; una orden social presente en nuestras vidas desde el momento en que pisamos la Tierra. 
Pero cabe recordar que, como se ha dicho, las estructuras sociales piramidales no son una invención netamente cultural de la humanidad civilizada sino que provienen de la naturaleza misma, de la parte salvaje que todavía conservamos dentro. Muchas veces esto mismo ha sido el argumento último para justificar lo injustificable: la ley de la selva, la ley del más fuerte. Entonces, quizá sea necesario buscar el origen y razón del verticalismo esclavista -tal como lo conocemos hoy día- en nuestra naturaleza misma. Por más paradójico que resulte, salir de la Caverna de las Alegorías tal vez signifique viajar hacia adentro de ella. 


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ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías". 

AUTOR
Piedrabuena

EDITADO POR
Editorial Tinta China
editorialtintachina@gmail.com
www.editorialtintachina.blogspot.com

Licencia de Creative Commons
La Esclavitud Moderna de Piedrabuena es licenciada bajo los derechos  Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

Creado a partir de la obra en www.piedrabuena.blogspot.com

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