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miércoles, 20 de agosto de 2014

Esclavitud Moderna - [V] NECESIDADES: CADENAS

ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías", del autor Piedrabuena, editado por Tinta China Ediciones



EL CEREBRO REPTIL


En los primeros capítulos hemos definido la interacción entre el Mundo Real y la Realidad como recíproca: una sostiene a la otra, y ésta última da forma a la primera. Tal relación dialéctica es de algún modo análoga a nuestra propia configuración fisiológica individual, en tanto el plano abstracto de la mente y sus pensamientos tiene asidero en la contrapartida material que es órgano llamado cerebro. Por eso puede que sea interesante buscar la raíz de la Esclavitud Moderna en nosotros mismos más que tales o cuales sistemas políticos o económicos particulares. 
Para adentrarnos en el tema recurriremos como guía a Paul McLean, psiquiatra y neurocientífico norteamericano, y su teoría del cerebro triple, cuya traducción literal del ingles “triune” sería trino; tres en uno. Según McLean el cerebro de los humanos actuales presenta dentro de la misma y única estructura celular tres partes bien diferenciadas que se encargan de distintas funciones corporales: el cerebro reptil; el sistema límbico; y la neocorteza. 

Uno de los mecanismos fundamentales que podemos resaltar del Cerebro Reptil es precisamente el de la regulación homeostática del cuerpo. En el interior del organismo la homeostasis interviene en la absorción de nutrientes o la excreción de deshechos, utilizando neurotransmisores para la secreción de hormonas reguladoras de las funciones de cada órgano a fin de que estos cumplan su tarea en el momento indicado. A su vez, también es lo que nos permite interactuar con el medio ambiente exterior de manera equilibrada e instintiva, como por ejemplo cuando las pupilas de los ojos se contraen o expanden según la cantidad de luz que recibe el órgano sensorial de la vista, permitiéndonos ajustar el grado de visibilidad sin un esfuerzo voluntario. También es lo que nos empuja a otras acciones más complejas como ingerir elementos grasos en el invierno debido a la necesidad de generar más calorías y soportar el frío. 
En el humano, el cerebro reptil sigue en pleno funcionamiento encargado de la homeostásis de nuestro cuerpo; aunque solapado por los otros dos y nuestra conciencia. Lo queramos o no, él nos obligan a casi todas las acciones básicas que realizamos con el sólo objetivo de mantenernos vivos: comer, beber, dormir, reproducirnos, huir del dolor, etc.; siendo nuestra propia naturaleza interna el principal y exclusivo amo esclavizante, cuyo látigo fustigador golpea y lacera por dentro sin que podamos hacer otra cosa más que satisfacer sus demandas. 


Se podría afirmar que desde el principio hasta nuestros días, “el sentido de la vida” que ha desvelado a tantos, no es otro que el de perpetuar la propia existencia mientras ésta dure, y perpetuar la especie mientras se pueda; por lo que es necesario salir al mundo día a día a “trabajar” para conseguir aquello que hace callar al tirano interior. El Amo y Señor Homeostasis nos obliga. Por ende, también podríamos concluir que el Cerebro Reptil es donde se emplaza la ambición desmedida, la parte más profunda del egoísta desbocado que llevamos dentro, sujeto en mayor o menor medida a la moderación impuesta por los otros dos cerebros. Ésta es la causa o raíz de que los hombres busquen el poder para utilizarlo en propio beneficio, sirviéndose de las necesidades ajenas insatisfechas, o de la violencia misma, a fin de controlar a los gobernados. 

Como mamíferos superiores gregarios que somos, dentro de quienes todavía palpita el legado de los dinosaurios, no es de extrañar entonces que nuestro paso por el mundo tenga una mayor tendencia a la competencia por el liderazgo, el verticalismo, la depredación de los recursos naturales, el individualismo por sobre el sentido grupal, la sobreidentificación con la máscara del YO y el mercado de consumo erigido a su alrededor. Tal vez por estas razones, no nos extrañe el que los medios de comunicación o las publicidades recurran a dos de las emociones más primitivas para manipularnos: el miedo y el placer. 
¿Existe una conspiración en los medios de comunicación masiva para someter a la población al miedo o la búsqueda irrefrenable de placer? 
Probablemente no, pero la verdad es que el Cerebro Reptil no distingue entre estímulos reales o ficticios y ante ellos activa respuestas invariables, instintivas. La estimulación con impulsos sexuales o violentos en los medios de comunicación produce del mismo modo respuestas invariables en los observadores; quienes no intentarán copular o luchar con el televisor, pero sí elevarán sus niveles de ansiedad y con ellos la propensión al consumo. El incremento en las ventas posibilita a los auspiciantes pagar el auspicio que a su vez permite la solvencia del medio comunicativo. 

Acudimos al supermercado trasnacional por comida envasada que nos apeteció tras verla humear en la mesa de una familia feliz; compramos esa prenda sofisticada que aquel hombre usó para conseguir pareja; nos endeudamos con una entidad bancaria para construir hogares bonitos que vimos en una revista; desdoblamos nuestra moral por dinero sucio a fin de asegurar la supervivencia a largo plazo de nuestra cría. Las necesidades humanas básicas son esenciales, constantes y cíclicas. Lo que cambia a lo largo de la historia es el modo en que la sociedad nos invita a relacionarnos con ellas a fin de acallarlas o satisfacerlas.

LAS NECESIDADES: LAS CADENAS

Resulta por demás interesante estudiar a groso modo la Teoría de la Motivación Humana de Abraham Maslow, quien ha definido una suerte de jerarquía específica de las necesidades; esquema conocido como la Pirámide de Maslow. Según su planteo, los hombres poseen una serie de necesidades básicas cuya satisfacción abre la puerta de manera casi automática al deseo de otras de orden superior, a las que membretó como Necesidades Fisiológicas, de Seguridad, de Filiación, de Reconocimiento y de Autorrealización; en órden de mayor a menor atención psíquica.  

Toda esta introducción sobre los rasgos fisiológicos y neurológicos de los seres humanos nos ayuda a concluir que; si de nacimiento somos ya esclavos de nuestra propia existencia; también de algún modo lo somos a su vez de los medios y las formas que usamos para satisfacer las demanda de la carne. Es decir, somos ya de por sí esclavos de tener que trabajar para “ganarnos la vida”. Pues ganarse la vida es lo que ha venido haciendo la humanidad desde los albores de la civilización hasta nuestros días; mientras lo que ha ido cambiando es el medio social en que cada individuo puede o debe hacerlo. 
Hoy, el hambre se sacia trabajando en una oficina y acudiendo al supermercado a obtener comida industrial lista para consumir. Hace decenas de miles de años, el hambre se calmaba recolectando frutas, hierbas, hongos y raíces en el bosque; la sed se saciaba en el arroyo. En invierno cuando no había frutos se debía recurrir a la cacería para obtener grasas y cueros. Sin éstas tareas básicas y obligatorias los grupos nómades corrían serio riesgo de perecer. Probablemente entre aquellos homínidos primitivos habría, como hoy, algunos más egoístas o perezosos que otros y de ellos habrá surgido las primeras formas de opresión endogámica al quitar a los otros el producto directo de su trabajo mediante el uso de la violencia. Es decir que siempre algunos trabajan y otros parasitan a los que trabajan; pero todos en mayor o menor medida están obligados a moverse en algún sentido para obtener el sustento vital. 
El nacimiento de la Agricultura, el ocaso del nomadismo, da lugar a asentamientos  fijos convocados en espacios verdes cercanos a un curso de agua. Las disputas territoriales, antes estacionales, se asientan en un mismo sitio por tiempo prolongado. Igual que con el nomadismo el reparto de los espacios fértiles favorece a los  fuertes quienes se adjudican la posesión no siempre por las buenas. 

Luego vino un descubrimiento igual de importante: el pozo de agua. Hallar una fuente hídrica incluso en lugares inhóspitos como el desierto no es poca cosa. Desde entonces la ganadería  y los cultivos pudieron extenderse todo el resto del año sin depender directamente de los ciclos hídricos o las inundaciones. Eso significa más comida que se traduce en más gente y por ende más familias. También más trabajo y mayor necesidad de territorio, mayor competencia por las tierras cercanas a la fuente de agua y por aquellas de más fertilidad.
En éste momento de la historia deben haber surgido las primeras formas de esclavitud sistémica porque con la agricultura extensiva las relaciones de fuerza con los rivales dejó de ser una carrera loca por la supervivencia. Los enfrentamientos armados y las guerras responden entonces a una necesidad de estrategia económica que hace el belicismo una actividad rentable, un oficio. El otro, el enemigo, no necesita ser aniquilado para liberar terreno sino que su fuerza de trabajo puede ser anexada a la propia si se lo somete de modo tal que no le quede otra opción más que obedecer los mandatos dados; es decir, quitándole todo cuánto pueda satisfacer sus necesidades. 

El pozo de agua se convierte en castillo, murallas, ejércitos, reino. Lo que en un principio arrancó rústicamente con la privación mediante el uso del garrote se ha vuelto con el paso del tiempo un sistema económico y social bien definido. Durante el Imperio Romano y toda la Edad Media el esclavismo y el vasallaje son dos engranajes bien aceitados del crecimiento de las riquezas. La expansión territorial se destina a la explotación tributaria de las tierras conquistadas. 

Por entonces, muchos aspectos de la vida humana están mayormente subsanados y el hombre ya no lucha contra los elementos de la naturaleza, sino contra los límites del crecimiento que permite el conocimiento y la tecnología existente. Crecen las ciudades, nacen las naciones y estados, las cruzadas, las conquistas, las rutas comerciales, el mercantilismo, las colonias, el imperialismo. 
La revolución industrial es el resultado final de todos estos adelantos culturales que a fin de cuenta dan nota de una civilización que ha dominado los límites impuestos por la naturaleza y por la ignorancia. La aparición de la industria, como lo fue la agricultura en su momento, significa un profundo cambio en la concepción del trabajo, la abundancia y el lujo. La cantidad se sobrepone sobre la calidad. Lo costoso, sólo accesible por aquellos con bolsillo para pagar al artesano, cambia hacia una producción en masa de bajo costo final. Nace la idea de que el disfrute material de la buena vida y la excitación de los sentidos son cosas medianamente asequibles y necesarias para todos por igual. 
La industría requería tres elementos esenciales para funcionar: desempleados en primera medida; luego que éstos se concentraranen el lugar de producción; y principalmente que haya un mercado para tales producciones, que pronto los tres elementos terminaron por ser lo mismo. Fue entonces que se produjo el mayor éxodo rural de la historia de la humanidad. 

Esto era lo que sucedía unos cien años atrás mientras Tolstoi escribía su “Esclavitud Moderna”. Como testigo de los inicios de este éxodo en Rusia, fue una voz denunciante de los peligros que acarreaba: “ puede esperarse que en un futuro no muy lejano, siguiendo las proposiciones de Enrique Georges, toda propiedad territorial quedará suprimida y dicha medida pondrá a los hombres al amparo de la falta de tierra, es decir, del primer motivo que les reduce al estado de esclavitud”. 

Un siglo después de su muerte, la predicción ha sido certera y el proceso se ha acelerado al extremo. Y en esto radica la gran diferencia entre la Esclavitud Moderna de Tolstoi y la que ahora nos subyuga: el éxodo rural está casi completo. En el año 2007 la población urbana excedió oficialmente a la rural y se presupone que a lo largo del último medio siglo casi mil millones de personas se trasladaron del campo a la ciudad. El acceso a la tierra o los medios de producirla sigue sujeto a un sistema de privación  que beneficia a los más pudientes, de igual modo que la satisfacción de las necesidades básicas está restringida al poder de compra, lo cual obliga a la gran mayoría de las personas sobre el planeta Tierra a trabajar para “ganarse el pan”; incluso cuando hay pan para alimentar a tres veces la humanidad actual.
Claramente la historia hasta aquí contada carece de un millar de detalles y variables que han ido moldeando el rumbo de la humanidad desde sus inicios hasta nuestros días, pero como se ha visto a groso modo en éste repaso; las necesidades básicas de los hombres y el modo de satisfacerlas son formalmente siempre distintas pero esencialmente las mismas. Porque no hay sociedad posible sin materias primas como tampoco hay individuo sano sin sus necesidades fisiológicas satisfechas. 










El esquema de la Pirámide de Maslow es a su vez un esquema de nuestra organización social. Podríamos decir sin lugar a dudas que el trabajo de la tierra, en todas sus formas, es de todos los trabajos el primero y único verdadero. Cambian los medios de producir alimentos, ropa y hogares; cambian los métodos de organizar la sociedad para su producción; pero lo que no cambia es la disputa territorial primitiva por poseer los medios de trabajar y producir materias primas sin las cuales ningún tipo de sociedad puede sobrevivir. No sabemos qué podemos esperar del futuro cercano, en el que los órdenes sociales y las instituciones de poder serán distintas, pero siempre el hombre seguirá siendo presa de sus necesidades esenciales. Igualmente siempre ha sido el mecanismo esclavista quitar a los otros los medios de satisfacer sus necesidades para obligarlos a trabajar en beneficio de un tercero. La necesidad, el trabajo y la privación organizada son los elementos que componen la aleación con el que están hechos los eslabones de la cadena que nos sujeta dentro de la Caverna de las Alegorías. 



Trabajo por:
¿NECESIDAD U OBLIGACIÓN?

La sistematización de las tareas necesarias para perpetuar la supervivencia es la base sobre la que se halla erigida toda nuestra sociedad. Gracias al trabajo y no a otra cosa es que hemos podido asegurar los diferentes estadios de la Pirámide de Maslow y elevarnos hacia el siguiente nivel, hasta donde nos encontramos actualmente: en una auténtica cultura del trabajo como máxima virtud y principal eje en las relaciones humanas. 
Tan pronto conocemos a alguien surge la pregunta, “¿a qué te dedicas?” qué en otras palabras sería, “¿de dónde proviene tu dinero?”. Porque como bien dice Jorge Mosqueira, el trabajo ya es una categoría ética. Definir a alguien como una persona trabajadora es encumbrarlo en el bien. 
Así, trabajar se ha vuelto la única manera de tener una vida digna y es lo que une a los hombres los uno con los otros. Entonces, ¿cabría preguntarse qué es una vida digna? ¿Trabajamos para satisfacer exclusivamente nuestras necesidades esenciales o no sabemos a ciencia cierta la diferencia entre el deseo y la necesidad?
De éste modo es que nos vemos impelidos, sutilmente forzados, a una labor monótona e inconexa. En primera medida porque debemos pagar impuestos por nuestra posesiones materiales, y en segunda instancia porque debemos pagar por la comida, el techo, la ropa, el transporte, la salud; además de una acuciante hambre de electricidad para nuestros electrodomésticos, para estar comunicados y conectados, telefonía celular cada más y mejor, automóviles y hogares más grandes, más cómodos. Equipos de música, masajes, viajes; placer físico, psíquico o emocional. O todo aquello a lo que sólo tenemos acceso mediante la moneda de curso legal, es decir, luego de la venta de nuestra fuerza de trabajo, o de los productos que de ella obtenemos. De éste modo es que podemos afirmar que actualmente trabajamos más por obligación que por necesidad. 

La cultura de trabajo se ha arraigado de modo que incluso se la defiende aún cuando va en detrimento de terceros. Los pilotos que pulverizan agrotóxicos sobre escuelas, los abogados que defienden criminales confesos, los policías que reprimen manifestaciones, los soldados que invaden naciones; cuando se los ataca por cómplices del esclavismo éstos se defienden al grito de “sólo estoy haciendo mi trabajo”, como si el acto mismo de trabajar fuera la redención de todo mal o daño contra sus hermanos. Más encima, a veces nos resulta comprensible que no todo el mundo trabaja de lo que quiere y que muchas veces ganarse el pan conlleva atentar contra la naturaleza y la sociedad porque -lisa y llanamente- no queda otra; salvo caer en la miseria.
Es así entonces que podemos afirmar que la esclavitud Moderna se fundamenta en dos pilares. Primero, como en las anteriores versiones, en la obligación de trabajar para no perder los medios de producción que serán expropiados por el gobierno si uno no tributa lo correspondiente. Y segundo, la obligación de trabajar debido a la necesidad de satisfacer los impulsos de nuestro interior, sean estos de orden prioritario o no, cuya casi exclusiva obtención es por medio del mercado. En resumidas cuentas: trabajamos porque... ¿hay alguna otra opción?


LA MUJER: FOCO DE (Y PARA) CONSUMO

La obligación de trabajar, a fin de obtener dinero para gastar indiscriminadamente en objetos superflúos, es un fenómeno que claramente podemos apreciar en el mercado erigido alrededor de la mujer. En época de Tolstoi el hombre todavía era el agente fuerte en el consumo pero ya entonces se comenzaba a gestar una liberación femenina de los quehaceres del hogar por trabajo remunerado. Cien años más tarde, y mucho activismo de por medio, la mujer supuestamente liberada de la opresión del machismo verticalista, ahora se ha vuelto uno de los principales foco de consumo a nivel global. 
  Desde los cabellos a los pies existen para ella objetos materiales que la pueden embellecer, mejorar, adelgazar y hacerla lo más parecida a un estándar estético impuesto de afuera hacia adentro; que de igual modo valora a la mujer, de afuera hacia adentro, y que no tiene otro fin que el de mantener a las féminas siguiendo una zanahoria ilusoria colgada frente a sus cabezas. 
El crecimiento  progresivo de la inclusión de la mujer en el mundo laboral e institucional ha ido desde su inicio acompañado por un incremento equitativo en la oferta y la demanda de productos exclusivamente diseñados para ella.  De la televisión a los periódicos, lo que observe un pequeño o pequeña en desarrollo lo/a estará invitando a sentirse necesitada de ser bonita, gustarle a los chicos, no pasar desapercibida, ser amada aún cuando ni siquiera sabe lo que es el amor. Es que para el mercado destinado a ella, la mujer es mujer mucho antes de siquiera serlo. Y peor aún, para el marketing capitalista, la feminidad apenas se reduce a lo genital; lo femenino es visualmente explotado recurriendo a la segmentación del cuerpo en nalgas, pechos y entrepierna.
Si observamos una revista de target masculino apreciaremos que sus publicidades gráficas “cosifican” a la mujer tras poner sus atributos sexuales en primer plano, mientras los rasgos individuales como el rostro o los ojos son deliberadamente dejados fuera de enfoque. Ahora lo curioso es que mientras las mujeres carnosas y semidesnudas seducen al hombre para venderle productos, resulta que las publicidades destinadas a las consumidoras son también sutilmente iguales. Ya sea por competitividad sexual, o confianza en lo propuesto por el propio género, la mujer también seduce y vende a la mujer propalando una cosificación interior que luego la empuja a sentir la necesidad de consumir algo que haga a su propio cuerpo una cosa más bella según el modelo de belleza impuesto por el mercado. El sexo femenino sin duda es el más manipulado por las publicidades y los productos modernos, hasta tal punto que la industria cosmética, junto a la droga y la venta de armas, es uno de los ejes fundamentales de los movimientos económicos mundiales. 

El mercado no es machista ni feminista, sino productivista. Y por ende “antinatura”. Porque de igual modo a como en las publicidades vemos estereotipos de mujeres irreales sin una sola arruga o una pizca de vello en piernas y axilas; lo mismo vale para el “hombre de publicidad”, lampiño y musculoso. Así, resulta fácil advertir que para el esteticismo mercantil lo que es natural al cuerpo humano no requiere modificación; y sin modificación tampoco insume productos que puedan ser fabricados, empaquetados y vendidos al consumidor. Si cambiamos el esquema de belleza impuesto, pero no cambiamos el mercado, las empresas privadas seguirán sirviéndose de ese nuevo esquema para vendernos insumos a fin de alcanzarlo. 


DEL NACIMIENTO A LA MUERTE

De todos modos, hombre o mujer, ya no queda etapa de la vida o generación que no sea bombardeada con necesidades; de los bebes a los ancianos, incluso las mascotas también, todos tienen cosas para consumir, algunas esenciales para la existencia y la mayoría esenciales para la existencia del sistema. 
Describir el grado absurdo al que ha llegado el mercado de consumo enfocado y sectorizado en las diferentes edades de los individuos sería repetir y reafirmar lo ya dicho hasta el hartazgo. Fácilmente se puede apreciar como de principio a fin de la vida humana, todas las edades han sido cubiertas de cosas materiales deseables, solo obtenibles mediante dinero. Lo más absurdo aún es que ya no sólo compramos objetos para nosotros mismos, sino además objetos para los objetos, como productos de limpieza especializados para coches. 

Sin duda alguna la comodidad, el lujo y los bienes de buena calidad hacen mejor y más bella la vida, pero eso no necesariamente implica que se deba sostener un mercado donde cada quien, estratificado según su poder adquisitivo, tiene a su alcance una gama de productos que en cierta medida van en detrimento directo de los hombres y del medioambiente que estos ocupan. Michel Houllebeck en “Intervenciones”, agrega: 
[“…La lógica del supermercado induce forzosamente a la dispersión de los sentidos; el hombre de supermercado no puede ser, orgánicamente, un hombre de voluntad única, de un solo deseo. De ahí viene cierta depresión del querer en el hombre contemporáneo; no es que los individuos deseen menos; al contrario, desean cada vez mas; pero sus deseos se han teñido de algo llamativo y chillón; sin ser puros simulacros, son en gran parte un producto de decisiones externas que podemos llamar, en sentido amplio, publicitarias…”]. […”La publicidad instaura un superyó duro y terrorífico, mucho más implacable que cualquier otro imperativo antes inventado, que se pega a la piel del individuo y le repite sin parar: tienes que desear. Tienes que ser deseable. Tienes que participar en la competición, en la lucha, en la vida del mundo. Si te detienes, dejas de existir. Si te quedas atrás, estás muerto. Al negar cualquier noción de eternidad, al definirse a sí mismo como proceso de renovación permanente, la publicidad intenta hacer que el sujeto se volatilice, se transforme en fantasma obediente del devenir…“]. 

 Durante mucho tiempo la esclavitud se sostuvo mediante la aplicación de violencia cruda y directa; en cambio, hoy día, como se ha visto en el presente capítulo, la manipulación de la psiquis es el principal medio de coerción: la manipulación de nuestras necesidades.
Somos partícipes de una sociedad donde el conocimiento y estudio de las dinámicas internas de los hombres son utilizados para el sometimiento sutilmente sistemático de la voluntad humana al servicio de la opulencia económica. Más allá de la forma específica que tome la relación que el hombre establece con sus deseos, siempre hablaremos de necesidades esenciales cuya explotación para el beneficio mercantil es inaceptable desde todo punto de vista; el cual debe ser considerado la semilla misma de toda esclavitud. 
En resumidas cuentas, aunque conquistemos el espacio exterior sin antes conquistar el espacio interior, seguiremos siendo humanos y como tales ya hemos nacido esclavos de nuestra propia naturaleza cárnica; de padecer hambre, sueño, frío, deseos reproductivos, necesidades de afecto, miedos y fantasías. Así, las necesidades naturales son inherentes a la vida humana mientras las necesidades impuestas por el mercado son funcionales a un sistema según el cual la acumulación de bienes materiales pretende ser el sustento fundamental del correcto disfrute de la vida. 

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[VI] ESCLAVITUD MENTAL>>


ACLARACIÓN: versión resumida del libro impreso "Esclavitud Moderna, en la Caverna de las Alegorías". 

AUTOR
Piedrabuena

EDITADO POR
Editorial Tinta China
editorialtintachina@gmail.com
www.editorialtintachina.blogspot.com

Licencia de Creative Commons
La Esclavitud Moderna de Piedrabuena es licenciada bajo los derechos  Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.



Creado a partir de la obra en www.piedrabuena.blogspot.com

1 comentarios :

  1. No estaría de más citar las fuentes de las imágenes en la medida de lo posible, pues cuenta en este blog con una imagen de elaboración propia para las clases de 1º de la ESO y que procede de http://acercatealassociales.blogspot.com.es/2012/08/la-vida-y-la-sociedad-de-la-edad-de-los.html.

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