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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Argentina, país generoso (con el croto).


A raíz de la aparición en las redes sociales de la noticia de un subsidio para travestis, y de los supuestos beneficios sociales que perciben los presidiarios, ha quedado en evidencia la clara división ideológica y discursiva del pueblo argentino, un caldo de cultivo de odio y resentimiento social en crecimiento, desarrollo al que se debe prestar atención y poner paños fríos como a una fiebre alta. El mensaje que la gente repite como loros es claro: no hay que romperse el lomo trabajando para darse la gran vida, alcanza con estar preso, ser pobre o travesti. En definitiva, el país en el que vivimos está gobernado por un mal chiste político, donde el que trabaja empobrece día a día, y el “croto” engorda a base de dádivas.

El odio que destila tal mensaje es doble: dirigido en primera medida al partido gobernante y su ineptitud para el cargo. En segundo término, dirigida al paria, al otro distinto caído en desgracia. Ambos dos son parásitos indeseables, el gobierno por cobrar los impuestos, el paria por dilapidarlos con los planes sociales que disfruta. Al paria se le exige dejar de serlo, o por lo menos que lo sea sin molestar a los demás. Mientras al gobierno se le reclama que baje los impuestos y que reprima con violencia a los parias que molestan.




La reproducción de tal mensaje no sólo es peligroso por ser caldo de cultivo necesario para el reverdecer de los gobiernos de ultra-derecha, que tarde o temprano se vuelven en contra de aquellos que pedían mano dura; sino que además representa un discurso rancio, un eco en el tiempo de épocas cuando el obrero era poco más que un bien de cambio entre estancieros. Ahí está lo más atroz del asunto: el obrero mismo ha adoptado el discurso quejumbroso del terrateniente tacaño que quiere esclavos, no empleados pagos. El asalariado pensando, sintiendo, actuando como Patrón.

El vocablo “croto”; aquel que no quiere trabajar y vive a expensa de los demás, léase artistas, linyeras, chorros, prostitutas, drogadictos, el paria en su amplio espectro; proviene de cuando el Gobernador José Camilo Crotto dictó un decreto para que los obreros de la cosecha pudieran viajar gratis por el sistema ferroviario durante la temporada fuerte de la producción agrícola. Lo cual por entonces fue una medida populista porque por la administración del ferrocarril estaba en manos inglesas y el servicio, de orientación colonialista (el lucro de la explotación y exportación de recursos), poseía tarifas inaccesibles para el pueblo.


A partir de dicho decreto del Gdor. radical Crotto, se comenzó a llamar “croto” al que no posee medios propios y recibe un favor del Estado Nacional. Mas luego, con el paso del tiempo, croto fue llamado todo aquel “malviviente”, es decir todo aquel que vive mal según la concepción del mal propuesta por la industrialización: <<el trabajo dignifica, aún cuando las condiciones laborales no sean necesariamente dignas>>. En otras palabras, si usted no posee un trabajo asalariado o no es patrón significa que no puede tributar, por tanto usted es una carga para el Estado que lo mantiene, y principalmente una carga para la burguesía que mantiene al Estado.

Que dicho sea de paso, ¿no es acaso esa la función del Estado como institución? Es decir, cobrar impuestos al que mucho posee para equilibrar la balanza dando al que no tiene. O al menos en teoría debería ser de eso modo, ¿no? ¿Entonces desde cuándo recibir dinero del Estado puede ser algo necesariamente malo? La respuesta es simple: desde el momento en que la oligarquía gobierna o pretende gobernar.

No hay peor cosa para un oligarca que una boca que come y no produce, porque el oligarca quiere manos que produzcan y no coman. Para el oligarca, el Estado no es un medio de traer justicia social al desequilibrio económico del Capitalismo, sino que para la oligarquía poseer control sobre el Estado significa proteger ese desequilibrio económico que les permite enriquecerse a costilla de la tierra y de los pueblos; aún cuando eso significa hacer uso del aparato represivo estatal para combatir la resistencia popular a la injusticia.



Este discurso moderno de “odiemos al croto y a aquellos que les dan beneficios” no es para nada moderno, aunque sí lo es el hecho de que los mismo obreros asalariados sean los que lo defienden. Porque cuando el ciudadano despotrica contra los planes sociales y los subsidios, en realidad está defendiendo sin saberlo los intereses económicos de una reducida minoría de terratenientes, corporaciones y grupos financieros que no sólo poseen cada uno de ellos más tierras y recursos explotables de los que usted jamás pudo soñar, sino que además pretenden pagar por ello poco o nada a cambio de los cuantiosos beneficios que obtienen.

Tontamente el ciudadano promedio, el obrero, piensa que con el sudor de su frente y el pago de sus impuestos, tasa municipal, monotributo, etc., está financiando planes sociales para la manutención de una creciente nómina de crotos. Cuando la realidad es que su aporte tributario personal apenas alcanza a cubrir los gastos que su propia vida genera: desgaste de la vía pública, salud pública, escuela pública, etc.. Todo lo demás, los planes sociales, el Pro.Cre.Ar, Futbol para Todos y tantos otros subsidios a ciudadanos o empresas privadas provienen de fondos tributarios a la agroexportación y otras explotaciones similares. Es decir que no es Usted el que mantiene a los crotos, sino las retenciones impositiva a las cifras multimillonarias que percibe la actividad exportación de commodities desde el mercado internacional.


Formulado de otra manera, no es el argentino el que mantiene a los crotos argentinos, sino que son los cerdos chinos, alimentados a base de soja transgénica argentina, la que permite la existencia de un flujo tan grande de dinero que el Estado puede darse el lujo brindar el costos servicio de llevar Futbol gratuitamente a todos los hogares del país. Gratuitamente para el consumidor de Futbol, pero no para el Estado, ni para los recursos naturales de la Tierra. ¿Cuántas personas ha escuchado Usted quejarse abiertamente de que el Estado gasta miles de millones en pan y circo para el pueblo cuando bien podría destinar ese dinero a más planes sociales y más beneficios para el pueblo?

¿Cuántas personas se indignaron con la misma violencia que suscitó el subsidio a travestis por el abultado sueldo de los funcionarios públicos? Y para muestra alcanza un botón: en la ciudad de Bahía Blanca, durante el año 2013 esto fue lo que cobraron los funcionarios de alto rango:

Intendente: $40.931, promedio mensual.
Titular del Instituto Cultural: $22.158 c/mes.  
Secretario de Economía y Hacienda: $20.928  c/mes.
Secretario de Gobierno: $20.333 mensual.
Ex secretario de Salud y Desarrollo Social: $19.937 mensual.
Secretario de Obras Públicas: $19.776 mensual.
Titular de la Agencia Urbana: $19.369 mensual.
Secretario del Concejo Deliberante: $18.840 mensual.
Titular de la Agencia Ambiental $18.690 mensual.
Secretario privado de la Intendencia $18.444 mensual.

Y esto sólo representa los 10 sueldos más abultados de tan solo UNA ciudad de la Argentina. ¿Sabe cuánto le costó al Estado el pago de todos los sueldos a funcionarios públicos de alto rango durante el 2013 en Bahía Blanca únicamente? Más de 4 millones de pesos. Repito: esa cifra sólo refleja el pago a los funcionarios de alto rango, no contempla el resto de la nómina de empleados de menor categoría, ni ñoquis ni coimas, etc.. Y eso es sólo en la ciudad de Bahía Blanca. Ahora pregúntese: ¿cuántos municipios hay en Argentina? ¿Cuántos funcionarios públicos de alto rango hay en todo el país? ¿Cuánto cobra esa gente por su trabajo y qué tipo de trabajo realiza que le permite cobrar cuantiosas sumas de dinero?

No estamos diciendo que se trata de trabajadores que ponen en riesgo su vida día a día, o que trabajan en un ambiente laboral insalubre para ellos y su familia, por tanto se los debe compensar económicamente. No, al contrario, estamos hablando de personas que trabajan detrás de un escritorio, en un despacho con computadora, telefonía móvil, aire acondicionado, incluso muchas veces con transporte y chofer; todo eso pago con el dinero del erario público. Y sin embargo yo no veo a mucha gente incitando al odio contra los abultados subsidios que el Estado provee en forma de sueldo a los (dis)funcionarios públicos: jueces, fiscales, senadores, diputados, y toda la nómina de empleados estatales que perciben un salario que triplica o cuadruplica el que percibe el obrero común y corriente como usted y yo.
Imagina usted todos los subsidios y microcréditos que el Estado podría brindarle a la población tan sólo con reducir el sueldo de los funcionarios públicos a la mitad de lo que ganan actualmente. Que un intendente gane $40.000 mensuales ¿no es eso acaso mucho más detestable que un subsidio de $4.000 a quien sea? Ya con la mitad de eso, $20.000 sigue siendo igualmente una fortuna para ser incorporada al patrimonio de manera mensual. ¿Entonces por qué no posar nuestro odio y resentimiento sobre los que se llevan tajadas tan grande de la torta haciendo tan poco por cocinarla?
Por miedo no lo hacemos, porque somos ignorantes y temerosos. Porque cuestionar a los que gobiernan siempre atrae al palo, el castigo. Porque pensar en soluciones es más forzoso que señalar con el dedo al croto, el sucio, el puto, el pobre, el chorro. Y principalmente porque somos borreguitos que se han creído el cuento de que el Estado vendrá a salvarnos de la pobreza y de la delincuencia: la eterna promesa incumplida de Justicia y Trabajo. Entiéndase esto muy bien: el Estado necesita financiar al croto para que el croto moleste al obrero y el obrero pague al Estado para que el Estado lidie con el croto. De hecho, si yo fuera Gobernador,  sería íntimo amigo de la gente que le vende droga a su hijo, para que usted salga a la calle a reclamar que haga algo contra el narcotráfico y ¡zas!, santo milagro, yo proveo la solución.

Que un candidato presidencial sume como logro de campaña el egreso de 10.000 nuevos efectivos policiales es un grito de advertencia al que debemos prestar atención porque habla de una tendencia claramente derechosa. Si un Cabo de la policía bonaerense gana alrededor de los $4.000 mensuales, multiplicado nos da $40.000.000 al mes, $480.000.000 anuales. Digo yo… CUATROCIENTOS OCHENTA MILLONES de pesos anuales, ¿no podrían haber sido destinados a otro tipo de enfoque en la lucha contra el delito que no ataque directamente al síntoma del problema sin antes atacar la causa-raíz del problema?
¿Cuál es la raíz del problema? ¿Por qué hay crotos que quieren vivir de arriba y nos quieren robar nuestras preciadas propiedades privadas? ¿Cómo podemos evitar que la gente común y corriente como Usted y yo se conviertan en crotos? ¿O los crotos son crotos de nacimiento y no hay nada que hacerle?
Quien le dice, en una de esas algún día la ciencia termina por descubrir que los fachos de la ultra-derecha tenían razón nomás y no había forma de solucionar el problema del croto más que “meta palo y a la bolsa”. Es que a fin de cuentas no te queda otra, sino ¿cómo le explicás a un pibito de la villa que pedir/robar/drogarse/blah! está mal si el vicepresidente del país se robó hasta las ganas de robar y todavía sigue dando vueltas? ¿Cómo le haces entender a un chaboncito fumaporrobuenaonda que la historia pasa por romperse el lomo laburando para llegar a tener alguna vez algo para dejarle a los hijos si cualquier piringundín insistidor accede a un puesto en el gobierno y se la lleva de arriba por levantar la mano según le digan por mensaje texto?
¿Por qué una familia sin tierra ni trabajo ni bienes debería rechazar voluntariamente (en honor al trabajador argentino) el dinero que el gobierno le quita a los que destruyen la tierra cultivando según manda Monsanto? El círculo es ciertamente vicioso, la agroexportación genera que la tierra se concentre en pocas manos y haya un mayor número de personas sin tierra ni propiedades que van al Estado a reclamar por ayuda y el Estado acude entonces a la agroexportación para darles algo de lo que piden, haciendo que sin la agroexportación el Estado no puede sostenerse económicamente.
En fin, es muy complicado todo. No me haga caso, Usted siga trabajando y pagando sus impuestos y puteando en chinojaponés contra el croto maldito ese que le quiere chupar la sangre. El gobierno, Clarín y Monsanto ya encontrarán la forma de lidiar con el tema. En una de esas inventan una semilla modificada genéticamente para eliminarlos, o incluso mejor, una semilla que haga que nos chupe un huevo. Menos filosofía y más Tinelli, por favor. Yo lo re veo al Marce presidente, ¿no? Si ahora se va a postular un piloto de lanchas de carrera de los '90… Marcelo dentro de un par de años arrasa! 


7 comentarios :

  1. Gracias. Ahora vuelvo a trabajar.

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  2. Exigo mas post como estos , los redactan muy bien ¡¡¡ que paso ?=====

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  3. Increíble tu manera de escribir. Realmente es lo que pienso pero hay gente que esto le abrirá mucho la mente

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  4. Otro punto que agregaría es la escuela, que tal como está concebida, es una gran fábrica de mano de obra (que "te prepara para el mercado laboral", para que seas "alguien en la vida", como nos dicen) y un lugar de adoctrinamiento y de mero transpaso de saberes. Nada más alejado de un ser HUMANO libre.

    Te felicito por la claridad y simpleza.

    Abrazo.

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  5. La verdad que esta muy bueno el blog y la manera en que lo redactas es espectacular! Ojala sigas escribiendo porque me ayudaste a entender a mi y a otras personas muchísimas cosas que pasan en el mundo. Un abrazo.

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  6. Te felicito por lo que escribis! La verdad que me ayudaste a entender muchísimas cosas a mi y a otras personas, ojala sigas escribiendo porque esta buenisimo el blog. Un abrazo desde Salta

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